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Del e-learning corporativo en España
- Por José Enebral Fernández
- Publicado 14/07/2009
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- Sin calificar
José Enebral Fernández
Ingeniero en Electrónica Industrial, José Enebral Fernández se ha dedicado durante 30 años a la formación de técnicos y licenciados en contenidos diversos (telecomunicación primero, y luego ya en temas de interés para personal directivo, como la creatividad, el liderazgo, el desarrollo de competencias cognitivas y emocionales, la idea de learning organization, la calidad de vida en el trabajo, el self-management...) y utilizando métodos diferentes (presencial, e-learning). Ha contribuido a la formación on line de miles de directivos de grandes empresas en España (Alcatel, Telefónica, Aena, etc.). En los últimos años ha publicado artículos en diferentes portales, y también en revistas impresas en España, como Dirección y Progreso, Expansión, Capital Humano, Computing, Nueva Empresa, Training & Development Digest, Aedipe, Q-Calidad, Harvard Deusto y AprendeRH.
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(Debo intercalar este párrafo, más
regresivo que digresivo. Creo que empecé a publicar artículos sobre el
e-learning en España hace unos diez años, y puede que pasen del centenar; pero
me quedan cosas por decir y celebro las oportunidades para hacerlo. Quienes en
el sector me conocen, me conocen sobre todo por los artículos; pero siempre he
hablado o escrito, con o sin acierto, desde la óptica del docente y el discente,
y aún hoy, si se entra en Google con estas dos palabras, e-learning y calidad,
aparecen textos míos enseguida, incluso del año 2003. O sea que no pensaba yo
extenderme en cifras de horas y euros…).
En mi búsqueda paralela de información por Internet, pronto llegué a la
conclusión de que había cifras para casi todos lo gustos, aunque haya desde
luego informes o estudios más completos que otros, e informaciones más objetivas
y fiables que otras. Me sorprendieron algunas estadísticas que unían el
e-learning con el blended learning, para comparar el conjunto con las cifras
ofrecidas sobre formación presencial, pero interpreté que se pretendía así
mejorar la imagen del e-learning. Seguramente puede decirse que los cursos
electrónicos (on line u off line) representan a lo sumo el 10% de la formación
total y formal orquestada en las empresas y organizaciones, pero el reparto es
muy desigual, y la media bastante baja: no debería eludirse un examen de
conciencia.
Resumiendo mis impresiones, acabé primero necesitando una mayor precisión sobre
lo que debemos entender tanto por e-learning como por blended learning, e
incluso por formación presencial; luego acabé reafirmándome ?y así lo dije más
tarde en Zaragoza? en lo que ya pensaba años atrás: “el e-learning bate alas,
pero no echa a volar”. Con una cierta abstracción, diría que el e-elarning
formal ha crecido estos años por debajo del avance de las tecnologías de la
información y la comunicación (TIC), pero, en cualquier caso, por debajo de lo
previsto años atrás.
No obstante, hay un e-learning que sí parece estar disparándose: el e-learning
informal, a través de Google u otro buscador. Hay quien piensa que Google es la
mejor herramienta de aprendizaje on line, y yo sólo añadiría que tal vez sea, si
acaso lo es, la mejor herramienta “exógena”; pero de nuestras herramientas
“endógenas” de aprendizaje hay mucho más que decir, y por ello le dediqué
algunos minutos en mi ponencia (disponible en la Red).
Ciertamente resulta casi imposible imaginar hoy un programa formativo presencial
en las empresas, en que los aprendedores no se relacionen unos con otros, o con
los docentes, por e-mail u otra solución colaborativa; o no busquen información
complementaria en Internet. Por eso se me diluye un poco el concepto de blended,
que, por otra parte, podría valer para una combinación de métodos cualesquiera.
Pero también hay que atribuir indefinición al propio e-learning, que, por
ejemplo, para algunos excluye el caso del mero e-reading: yo, desde luego, ahora
con la gorra de aprendedor, y si sólo se tratara de eso, prefiero leer en papel
que en pantalla... O sea que, como he pensado siempre, resultaría tal vez más
significativo dividir la formación continua por contenidos, en vez de hacerlo
por canales o métodos: hasta en la formación presencial acaba habiendo TIC. (Recuerdo
por cierto que mis primeros diseños de Enseñanza Asistida por Ordenador, en los
años 80 y en aquellos floppies, eran luego utilizados por los usuarios… ¡reunidos
en aula!
Quise también en Zaragoza enfocar la atención de la audiencia sobre los cuatro
hiatos a que me refiero siempre que hablo en público de estas cosas: el paso de
la tecnología a la información (1º), el de la información al conocimiento (2º),
el del conocimiento al desempeño profesional (3º), y también el del conocimiento
a la inexcusable innovación (4º). La economía emergente nos obliga a fijarnos
más en aquellos pasos en que no lo venimos haciendo suficientemente —el 2º y el
4º—, porque a la productividad y la competitividad no se llega sólo con la
alfabetización digital.
Los productos para el aprendizaje on line deben proporcionarnos información
sencilla de traducir a conocimiento sólido, valioso y aplicable. “El
conocimiento llega de la información y no de la tecnología, guste o no guste a
los tecnólogos del sector del e-learning”: cuando esto digo, miro con prevención
a la audiencia, por si algún tecnólogo me tira un tomate. Perdonen la expresión
coloquial con que escribo, pero es que lo hago en bañador, en domingo (hoy acaba
de ganar el Tour nuestro Carlos Sastre: bravo, Carlos), en el porche de mi casa
del pueblo (que no tenía yo este año presupuesto para playas). Sigamos.
Me mostré optimista con el futuro del e-learning, principalmente porque tocaba
hacerlo; pero pedí públicamente una urgente reingeniería de los procesos de
producción de cursos, con mayor presencia y protagonismo de los docentes: por
aquí pasan, creo yo, las soluciones de aprendizaje “más rápido”, “más efectivo”,
“más grato”. El e-learning parece haber dado sus primeros pasos como un derivado
del avance tecnológico, pero tal vez habría de seguir mejor andando (o volando)
como un derivado, por un lado, del avance metodológico en la docencia, y, por
otro, del empowerment del usuario y su decidida apuesta por el lifelong
learning.
En Zaragoza no quise ser tan explícito, ni tenía tiempo para ello, pero yo creo
que hay en nuestro sector del e-learning dos tipos de relaciones paralelas. La
primera y más consolidada es la existente entre los directivos y comerciales de
las empresas proveedoras, y las áreas de recursos humanos y formación de sus
empresas clientes. Ambas partes parecen haber convenido negocio en la
consolidación del sistema que conocemos: un sistema dispuesto para el mejor
aprovechamiento de la tecnología, pero que quizá atiende menos a la metodología
y el contenido que procuran la materialización del aprendizaje.
La segunda —más desnutrida— relación a que deseo referirme es la de los docentes
diseñadores de los cursos on line, con los usuarios de estos productos. Ambas
partes, docentes y discentes, no parecen contar mucho, y, tal vez y a veces, “se
dan por eludidos”; sin embargo, el buen docente hace su storyboard pensando en
el discente, y éste se acuerda de aquél para bien o para mal, pero quizá
especialmente si le echa de menos.
Si los aprendizajes electrónicos eran poco significativos años atrás, y así lo
denunciaba un representante de la Fundación Tripartita en un Expoelearning
(2005) de Aefol en Madrid, temo que lo sigan siendo; que lo sigan siendo por
falta de contenidos idóneos, con esmero didáctico diseñados. Alguien, con mayor
poder que los propios usuarios (en mi opinión tan “eludidos”, sí, como los
docentes), debería velar por la eficacia de los productos de e-learning, y temo
que aquí las normas de calidad que venimos conociendo, aun intentando contribuir
a ello, no nos procuren la solución decisiva que buscamos.
Hablemos, si les parece, más del lifelong learning, y no tanto del e-learning o
el blendend learning. Yo apunté algunas asignaturas pendientes del aprendizaje,
y buena parte de ellas se ubican en el segundo y cuarto hiatos, pero eso no
significa que no haya que seguir trabajando en el primero y el tercero, y aun
fuera del esquema de los hiatos. Hablé del aprendizaje “total” (que incluye
aprender aquello que nadie sabe todavía), del informal, del inconsciente, del
autodidacto, del autotélico…, e incluso de una vaca llamada Blossom, y claro,
hice sufrir a mi querido amigo Erez Itzkovich (moderador): perdóname, Erez.
Para terminar este rápido recuerdo de los mensajes de mi ponencia, reproduzco
una frase de Thomas O. Davenport que incluí casi al final, y que ya resultaba
vigente en el escenario finisecular: “Los trabajadores no son jarros que haya
que llenar; son protagonistas en el empeño de llenarse a sí mismos de
aprendizaje. Los trabajadores son propietarios de capital humano y demandan el
control de sus procesos de aprender…” Me pareció necesario insistir en que los
términos “capital humano” y “recursos humanos” no son sinónimos, salvo que nos
refiramos a los “recursos de los seres humanos”.
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