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No es lo mismo participar que estar involucrado
- Por Carlos A. Petrella
- Publicado 22/02/2010
- Informe Especial
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Carlos A. Petrella
El Ing. Carlos Petrella un ejecutivo con más de 20 años de experiencia en todas las fases del cambio organizacional en grandes organizaciones estatales y privadas con amplios conocimientos de cultura organizacional y reingenierías. Ha trabajado en varios países de Latinoamérica y en Europa y posee una formación equilibrada en informática y empresas y conocimientos de ingeniería humana para evaluar tempranamente las posibilidades de conseguir buenos resultados en proyectos de gran porte.
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En muchas organizaciones estimulamos la participación pero no el compromiso.
Ciertamente que cuanto más gente participe posiblemente recogeremos aportes de
un mayor espectro de intereses, pero eso de por sí solo no genera compromisos
para transformar la realidad. Se requiere siempre gente personal e
institucionalmente involucrada para hacer que las cosas sucedan. Y
evidentemente, los uruguayos tenemos dificultades para separar unos de otros.
Cuando analizo en la universidad junto con mis discípulos la diferencia entre
participar y estar involucrado les pongo siempre un ejemplo muy gráfico. En el
omelette de jamón y queso, la gallina participa, pero el chancho está
involucrado. Y la diferencia por lo menos para la gallina y el chancho, es
claramente relevante. La gallina aporta sus huevos y puede hacerlo en reiteradas
oportunidades, en cambio al chancho fatalmente se le va la vida en el jamón que
constituye su aporte.
¿Qué pasa en aquellas organizaciones en que muchos participan pero nadie se
involucra? Evidentemente los grados de compromiso personales son en los hechos
prácticamente inexistentes. Salvo excepciones los que actúan como las gallinas
del ejemplo operan de una manera menos comprometida. Es que las gallinas saben
perfectamente que cualquiera sea su desempeño, tendrán nuevas oportunidades.
Operan prácticamente observadores como inmunes a los resultados - buenos o malos
- de sus propias acciones.
Repasemos resultados cuando las gallinas son los actores principales. Cuando no
hace mucho tiempo unas gallinas opinaron sobre una inversión importante para el
país y la inversión resultó ser un rotundo fracaso, no hubo problema. Buscaron
otros proyectos, porque siempre pueden estar en condiciones de poner otros
huevos. Cuando otras gallinas dijeron que una institución era viable y luego
quebró, no hubo drama para ellos. Sabían perfectamente que podrían buscar otras
organizaciones, sin correr ningún riesgo.
Cierto que un país necesita gallinas, pero pensar que solo con gallinas puede
salir adelante, es por lo menos imprudente. El Uruguay es un claro ejemplo de
apuestas reiteradas a gallinas en cargos públicos para que opinen sin como
contrapartida asumir ningún riesgo. Así muchos se animan a hablar de lo que no
saben y a recomendar sobre lo que no entienden. A ellos desaprensivamente les
hemos entregado una a una gran parte de las “joyas de la reina” que con esfuerzo
acumularon para usar en tiempos difíciles nuestros padres y abuelos.
¿Qué pasa en las organizaciones en que muchos participan pero por lo menos
algunos están involucrados? Evidentemente los grados de compromiso personales se
incrementan notoriamente. Esta en la tapa del libro. Los que operan como
chanchos tienen siempre presentes que los resultados no les serán indiferentes.
Es que los chanchos saben que su desempeño es considerado preferentemente en
oportunidad de cada evaluación. Operan como gestores comprometidos con sus
actuaciones.
Comparemos resultados cuando los chanchos son los actores principales. Cuando
los chanchos opinan sobre una inversión importante para el país se cuidan de que
no fracase, porque ese es su propio problema. Saben que si su propuesta no
funciona será difícil buscar otros proyectos, porque con el jamón que aportaron
se les ha ido la vida. Cuando los chanchos afirman que una institución es
viable, analizan muy bien los riesgos de que pueda quebrar. Saben que
posiblemente no encontrarán otras organizaciones que crean en ellos.
Considerando los roles de gallinas y chanchos, deberíamos poder sacar algunas
conclusiones de cara al futuro. No podemos seguir sosteniendo obstinadamente que
basta que distraídamente coloquemos a alguien en un cargo público relevante y
automáticamente tenga un salvoconducto, cualquiera sean los resultados de su
gestión. No es suficiente que no sea omiso o que no cometa delitos, es necesario
que haga bien su trabajo y asuma responsabilidades por los resultados.
Aceptar cargos públicos como si fuéramos gallinas es como entrar en un juego
entretenido en el que si perdemos, igual mañana posiblemente pueda haber
revancha. En cambio, aceptar cargos públicos como chanchos es tomar un trabajo
en el que si perdemos, mañana seguramente no habrá revancha. Mientras no
separemos quién participa de quién se involucra en la cosa pública, el país no
conseguirá asociar actuaciones con resultados, y será lo mismo personalmente
para aquellos que acepten encargos en organizaciones del Estado que todo
funcione bien, regular o mal. O incluso, como ya hemos experimentado, horrible.
Lo que nuestro país necesita imperiosamente en esta profunda crisis es que le
den oportunidades a los chanchos, para salir adelante. Por cierto, que Uruguay
debe seleccionar los chanchos adecuados, pero este es otro asunto. Haciendo bien
esta selección serán menos aquellos que hablen de lo que no saben y recomienden
sobre lo que no entienden. E igual a ellos - con toda su carga de compromisos a
cuestas - tampoco habría que entregarles las “joyas de la reina”, aunque bien
puedan correr mucho mejor suerte que las entregadas en el pasado a las gallinas.
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