El
Ing. Carlos Petrella un ejecutivo con más de 20 años de experiencia en
todas las fases del cambio organizacional en grandes organizaciones
estatales y privadas con amplios conocimientos de cultura
organizacional y reingenierías. Ha trabajado en varios países de Latinoamérica y en Europa y posee una
formación equilibrada en informática y empresas y conocimientos de
ingeniería humana para evaluar tempranamente las posibilidades de
conseguir buenos resultados en proyectos de gran porte.
No es extraño entonces que el optimismo inicial haya dado paso a la crítica
y en ciertos casos, notoriamente a la decepción. No son pocos los que hablan
de una nueva frustración y lo están haciendo últimamente con mucha fuerza.
Ya hay actualmente agentes en cargos relevantes que están buscando otros
caminos alternativos y que, como vemos en la prensa, lo proclaman
públicamente. No faltan tampoco sesudos análisis especializados de las
razones políticas y económicas por las cuales el ideal de referencia, con el
que cuatro naciones se embanderaron hace unos cuantos años, no ha podido
cristalizar.
Los analistas muestren con precisión que se mantienen entre los cuatro
socios, diferentes enfoques políticos y económicos para tratar la crisis
global, las repercusiones regionales y los problemas nacionales, generado
grandes divergencias en los procesos de integración. Hoy podemos encontrar
estudios muy buenos de los desequilibrios macroeconómicos de cada uno de los
países del grupo y claros ejemplos de cómo han provocado enormes
distorsiones en los procesos de intercambio comercial. En particular a los
uruguayos no es necesario que les expliquen todo esto, lo sienten a través
del impacto en la vida diaria y sobre todo, en sus respectivos bolsillos.
Curiosamente el problema de la integración, con toda su complejidad, resulta
mas sencillo de entender para la gente común, sin necesidad de que los que
se dedican profesionalmente a analizar estas intrincadas situaciones, deban
abrirnos los ojos. La cuestión esencial es que el Mercosur no está
funcionando porque no ha tenido quien se hiciera cargo de ayudarle a crecer,
por encima de los intereses particulares de sus propios integrantes. Los
brasileños han demostrado que quieren más a los brasileños que al Mercosur.
Los argentinos han demostrado que quieren más a los argentinos que al
Mercosur. Y los paraguayos y uruguayos, también.
Esos “cariños” nacionales, que por supuesto no deben perderse, no deberían
ser los únicos protagonistas de la integración devenida, hoy por hoy en
desintegración. Son imprescindibles nuevos cariños que partan de la idea de
que, juntos los países son algo más que cada uno por su lado. Cariños que
muestren que la región tiene lazos políticos, culturales y económicos reales
que deben ser profundizados. Las solidaridades estratégicas que son
imprescindibles, más que los intereses comerciales tácticos, constituyen la
piedra angular para reforzar una unión que sea primero, un proyecto político
y a partir de allí, un proyecto comercial.
Actualmente no se necesitan mas analistas políticos o económicos para
explicar las razones por las cuales los problemas que complican la
existencia de la entidad regional, parecen ser más grandes que las
soluciones. No hay cambios estructurales sin liderazgos claros. Los hombres
que conducen políticamente estos procesos deben ponerse por encima de los
problemas y mirar el horizonte sin detener el paso. No se precisa ser
clarividente para comprender el destino que le espera a un ideal, por más
importante que sea, si ni sus propios padres fundadores están dispuestos a
defender la propuesta con acciones, más allá del mundo de las tibias
declaraciones.
La persistencia de propósitos, precisamente cuando el camino a seguir es en
subida, es un don muy preciado del que hay que hacer buen uso, para ponerle
la proa a las dificultades y lograr superarlas. No se puede cuestionar,
especialmente desde la cúpula, algo tan importante como el Mercosur y pensar
que es una crítica a algo que no les pertenece a todos por igual. Es difícil
de creer un “yo no fui” de presidentes, ministros, senadores y cualesquiera
otros referentes que se puedan imaginar. Muchos no lo creen y otros tantos
no lo admiten. Los pueblos de los países del Mercosur, que los llevaron con
sus votos a dónde están, se merecen otra cosa.
Las empresas de la región y especialmente las de los países más pequeños del
Mercosur - me refiero a Uruguay y Paraguay - pusieron enormes esfuerzos para
prepararse para desarrollar sus actividades comerciales en el nuevo
contexto. Las reconversiones también requirieron mucho dinero, que sería
desperdiciado sin no se puede acceder a los mercados de la región, sin
barreras o trabas del tipo que sean. Muchos ciudadanos de los cuatro países
creyeron a sus líderes cuando pidieron comprensión y respaldo a la gente y
dieron ese apoyo, aún a sabiendas de los riesgos que podía traer consigo.
Ante los problemas que hoy enfrentamos, bien vale la pena repasar que no
fueron idealistas exaltados los que pusieron sobre la mesa el Mercosur,
fueron nuestros presidentes, fueron nuestros parlamentarios, fueron nuestros
empresarios y un pueblo que les creyó. A esta altura no es admisible que,
ante las dificultades que tenemos para consolidarlo, agentes con similares
responsabilidades, digan otra vez “yo no fui” y descubramos la mayoría
sorprendidos, que el Mercosur no tuvo padres responsables por sus obras
hasta consolidarlas; sólo contó con tutores a medio tiempo que a poco de
hablar y con el trabajo a medio hacer, se fueron a sus casas.