Angélica Pereyra vive en Buenos Aires, Argentina. “ El conocimiento de la industria de los contact centers
llegó a mi en forma tardía de un modo casi casual, y desde entonces me
ha fascinado su amplitud, crecimiento y transformación, no podía
quedarme fuera y hoy disfruto de mi blog El Contact http://-www.elcontact.com- donde puedo contar mi experiencia y difundir el tema fundamental del negocio: el Capital Humano. Siento que parte de la industria aún se mueve con un velo en los ojos y olvida lo más importante, las Personas ” explica.
De modo que la actitud de un teleoperador al teléfono, deja de constituirse
en un elemento propio de la personalidad, para convertirse en una
herramienta más de trabajo. Ya no sólo interesa la voz o la entonación de un
teleoperador, importa su actitud.
Actitudes generadoras de efectividad
El punto es que todos podemos elegir la actitud con la que trabajamos y
todos podemos aprender a mejorarla. De esa elección, depende la relación que
se establece laboralmente con los compañeros de trabajo y con los clientes.
Bob Stone y John Wyman en su libro “Cómo hacer telemarketing con éxito” (*),
identifican 7 tipos de características de la personalidad del teleoperador
frente a la personalidad del interlocutor.
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Personalidad del Interlocutor |
Personalidad del Teleoperador |
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1. Directo / Natural |
Eficiente, confiable y amablemente profesional |
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2. Amable / Comunicativo |
Amable, comunicativo, amistoso, intercambiando un poco de charla trivial |
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3. Inseguro / Ansioso |
Padre protector, dando seguridad, generando bienestar |
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4. Confuso / Incierto |
Paciente, cariñoso, clarificador |
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5. Enojado / Provocador |
Escucha comprensiva. Respuesta positiva y actuando con profesionalismo |
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6. Emergencia / Pánico |
Sentido de urgencia en el diálogo y en la acción propuesta |
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7. Escéptico / Cínico |
Infundiendo seguridad, respondiendo con conocimiento y con pericia profesional |
(*) Cómo hacer telemarketing con éxito; B. Stone, J. Wyman y otros,
Ediciones Granica, diciembre 1995
El Teleoperador es la “cara” de la organización y por lo tanto su actitud,
es la actitud que transmite el espíritu de la organización. Así que no es un
tema menor. Tampoco confundamos la actitud con el “buen o mal humor”.
Estamos hablando de actitudes profesionales que favorecen una interrelación
telefónica favorable.
De este modo las herramientas y enfoques hacia el trabajo deben permitir el
desarrollo de competencias individuales y grupales, en alineación con las
competencias organizacionales. La actitud, desde este punto de vista, es una
competencia más. Por lo tanto es una capacidad que permite dominar
situaciones profesionales y obtener los resultados esperados. La actitud es
real, entonces es observable y medible, puede desarrollarse y modificarse.
¿De qué hablamos cuando hablamos de actitud?
Cuando hablamos de actitud, estamos englobando varios ítems. La actitud es
un elemento complejo de la personalidad. Cuando el teleoperador llega al
call center, trae una actitud previamente adquirida en el ámbito social,
laboral y familiar. Muchos capacitadores de recursos humanos en los call
centers, se ocupan permanentemente de capacitar al personal de teleoperación
en el producto/servicio, en el guión, etc. Deben ocuparse, también, de
formar y guiar la actitud de ese mismo personal que es el que hará posible
que el producto y el guión luzcan bien o mal frente al cliente, logrando o
no los objetivos de la campaña de telemarketing.
Ahora bien... ¿de qué hablamos básicamente cuando hablamos de actitud?
Hablamos de...
APERTURA
FLEXIBILIDAD
TOLERANCIA
AUTODISCIPLINA
SERVICIO
Necesitamos APERTURA para aprender a escuchar y por lo tanto para poder
comprender lo que el interlocutor está diciendo. Un teleoperador que carezca de
una actitud abierta sin preconceptos, no podrá ser un buen negociador, pues sólo
estará escuchando su propia voz. Y difícilmente se sienta con ganas de ser
proactivo.
Cada interlocutor es diferente, cada producto/servicio tiene un target, cada
empresa desea capturar una porción distinta del mercado, entonces necesitamos
teleoperadores que tengan la FLEXIBILIDAD suficiente para adaptarse a cada uno
de estos “ambientes” particulares. No sólo deberá estar condicionado a adaptarse
mentalmente, sino incluso debe considerar que tal vez deba adaptar hasta su
vocabulario y el modo de abordar al otro, dependiendo de quién sea su
interlocutor. Muchas veces su flexibilidad no sólo estará a prueba entre un
llamado y otro, sino dentro de un mismo llamado, con el mismo interlocutor, que
va pasando por distintos estados de ánimo. Por ejemplo, esto es frecuente entre
los teleoperadores que se dedican a atención de reclamos, muy visible cuando
generalmente inician el llamado con un interlocutor exaltado, pasan por un
interlocutor comprensivo y razonable, y, si hicieron las cosas bien, finalizan
con un interlocutor convencido y fidelizado, que se muestra amable y agradecido
con ellos porque le han solucionado su problema. Esa dinámica exige una gran
flexibilidad para saber dónde se está parado a cada segundo y hacia dónde se
dará un paso en el segundo siguiente.
La TOLERANCIA que se aprende y se desarrolla en un call center, tal vez no se
aprenda en ninguna otra parte. La enorme diversidad de personas con las que un
teleoperador se enfrenta a diario, y la variabilidad de situaciones interactivas
que se producen minuto tras minuto, son un excelente entrenamiento para su
capacidad de aceptar lo diferente a sí mismo, lo imprevisto, lo que tal vez no
le guste enfrentar. La incapacidad de ser tolerante, puede llevar al
teleoperador, fácilmente, a la frustración frente a la tarea y a los resultados.
Además de llevarlo a no sentirse cómodo con lo que hace.
Sólo una personalidad que logre la AUTODISCIPLINA podrá, por ejemplo, mantener
la calma ante situaciones difíciles que ocurran durante el llamado sin salirse
de su rol; generar en el interlocutor confianza para guiarlo hacia donde debe
dirigirse el llamado; evitar la formulación de promesas que no pueda cumplir con
tal de satisfacer al cliente; y describir verbalmente servicios y productos
muchas veces abstractos, intangibles y lejanos para el que está del otro lado
del teléfono, de modo que pueda hacerse entender.
Muchas veces se ha dicho que el SERVICIO hacia el otro es una vocación, lo cual
es cierto. Sólo alguien que ya tiene en sí mismo el interés de servir a los
demás, de preocuparse por los otros, puede entenderlo. Pero la vocación de
servicio se puede perfeccionar. Ser servicial es estar disponible a atender las
solicitudes del cliente y aún va más lejos, es saber anticiparse a las
solicitudes. El servicio es la base que sustenta la existencia misma de un call
center como medio de relacionamiento con los clientes.
Me gusta recordar especialmente, que algunos supervisores y capacitadores de
grupos de telemarketing, confían tan ciegamente en sus guiones, que olvidan que
no se trata del guión de una novela donde todos los actores conocen su parte,
aquí el único que sabe su parte es el teleoperador, pero el cliente... nunca ha
visto el guión, de manera que puede actuar de un modo que aún el mejor guión no
pueda prever. Y en esos casos, la combinación de todas estas actitudes es
absolutamente necesaria para que el teleoperador no se paralice, para que no
invente e improvise y, para que no cometa errores insalvables.
La actitud es una sola
Cuando hablamos de actitud, además de referirnos a la actitud hacia el otro (en
este caso hacia el cliente), nos referimos a la actitud hacia la tarea a
desarrollar, y cuando hablamos de tarea incluimos a la tarea en sí, al ambiente,
al entorno y a los compañeros de trabajo.
Puede ocurrir que tengamos en un equipo de teleoperación, un teleoperador que se
comporta de un modo al teléfono con los clientes, y de otro modo con la tarea y
el resto del equipo de trabajo. ¿Le ha ocurrido?, entonces está en presencia de
un farsante. Ni más ni menos. Una persona lo suficientemente astuta como para
darse cuenta de que su interés primordial son los resultados. Pero... la actitud
laboral es una sola. Porque la verdadera actitud surge de una convicción
personal y de un compromiso.
Entonces, ¿cuál es la actitud esperable, ganadora, inspiradora y exitosa que
debe tener un teleoperador?. Fácil, la actitud debe ser la que haga que el
teleoperador, el cliente, sus compañeros y jefes se sientan a gusto, cómodos, y
seguros de que el trabajo está siendo bien logrado. Para eso el supervisor de la
campaña de telemarketing deberá evaluar profundamente el terreno, deberá saber
qué tiene, qué quiere, cómo lo logrará y con quién. De allí surgirá la actitud
esperable.
Es algo sencillo, pero no siempre se clarifica al momento de seleccionar al
equipo que desarrollará la campaña y planificarla. No siempre se recuerda
durante el entrenamiento de los teleoperadores. No siempre se comunica con
frecuencia. Y si eso ocurre, difícilmente el teleoperador sepa qué actitud se
espera de él.
A continuación veamos un decálogo posible de actitudes individuales que sumadas
llevan a la mejor actitud para el telemarketing:
Buena disposición hacia la tarea y orientación al cliente
Positivismo ante situaciones adversas o imprevisibles
Seguridad en sí mismo
Convencimiento acerca de la propuesta y el producto/servicio
Empatía para poder ponerse en el lugar del otro
Sonrisa, la sonrisa se contagia, se ve y se imita, se
devuelve, favorece la apertura
Concentración
Relajación para poder mostrarse natural
Constancia y paciencia
Equilibrio emocional
Entonces, cuando se seleccionan teleoperadores y se arma el perfil del candidato
al puesto, es tan importante tener buena dicción como tener convencimiento, es
tan importante carecer de muletillas como ser capaz de sonreír y que esa sonrisa
“se vea” del otro lado del teléfono, es tan importante tener una voz clara y una
entonación rítmica como poder controlar un enojo momentáneo.
Los teleoperadores no son máquinas al teléfono, no subestimemos la condición
humana que diferencia una llamada de una operación telefónica. Creo que lo peor
que un cliente puede decirle a un teleoperador es:
... hola... ¿es usted una persona o me han puesto otra vez con un contestador
automático?
Así que... la actitud del teleoperador, debe ser tal, que sus clientes y el
entorno laboral en el que éste se desarrolla, deben poder disfrutar de su
atención y enriquecerse con su valor.