
¿Por qué no hay más concursos de acreedores?
- Por Eduardo Navarro
- Publicado 9/02/2010
- Finanzas
- Sin calificar
Eduardo Navarro
Director de Improven Consultores
Improven-consultores.com
¿Por qué no hay más concursos de acreedores?
En esta situación, el número de concursos de acreedores de empresas importantes
es relativamente pequeño. ¿Por qué? Por un lado, porque las entidades
financieras están haciendo todo lo posible para evitarlo y por otro, porque las
empresas están optimizando su circulante (cobros, pagos y stocks), que al fin y
al cabo es el parámetro clave para evitar el concurso.
¿Por qué se evitan los concursos? Se evitan porque no son una buena solución ni
para las empresas ni para la banca. Para las empresas porque, por distintos
motivos, menos del 5% de las empresas que entran en concurso llegan al convenio.
A la banca tampoco le interesa que las empresas entren en concurso porque las
provisiones son muy importantes. Hemos de tener en cuenta que un gran concurso
(como por ejemplo cualquiera de las grandes inmobiliarias) tiene un impacto muy
importante en la morosidad y los resultados de muchas entidades.
Y en contra de la opinión generalizada, quiero agradecer el papel de las
entidades financieras. Aunque puede parecer que son el malo de la película, la
realidad es que, gracias a su actitud en esta crisis, se está evitando un drama
empresarial muchísimo más importante del que se está viviendo. Aunque es más
difícil el acceso al dinero que hace unos meses, en la actualidad está siendo
relativamente sencillo conseguir refinanciar la deuda siempre que se compran
algunas premisas básicas (plan de negocio claro, garantías, confianza, equipo,
etc.). Esto está ayudando definitivamente a la viabilidad de las empresas y en
un próximo artículo hablaré de las claves de éxito en el proceso de
refinanciación.
Aunque hay muchas variables: composición del pool, garantías, plan de negocio,
etc., en las refinanciaciones, a efectos prácticos están apareciendo dos
casuísticas muy diferentes: cuando hay garantías suficientes para la
refinanciación y cuando no las hay. En el primer caso, la decisión es
relativamente sencilla para la banca ya que se encuentran una empresa que no
puede pagar en los plazos y condiciones que se había comprometido y sólo hay dos
opciones: refinanciar o concurso. Refinanciando la deuda, la banca consigue una
mejora de garantías, márgenes y retrasar el problema. Además, con un poco de
suerte, la empresa podrá repagar la deuda y el problema se habrá solucionado.
Sin embargo, en los casos en los que hay escasez de garantías, la situación es
más complicada. Por ejemplo, ahora estoy en una refinanciación con una deuda
total en torno a 500 millones (en la que no hay garantías adicionales) en la que
uno de los bancos tiene una posición de 120 millones. Para que la empresa no
tenga problemas de tesorería los próximos tres años es necesaria una inyección
de 20 millones de liquidez además de carencias. Ante esta situación, la pregunta
que se hace el banco es ¿refinancio, concedo carencias y aporto mi parte
proporcional de los 20 millones (4,8) o se va a concurso y tengo que provisionar
una cantidad mucho más importante? La respuesta habitual es la primera.
Tal y como señalaba este ejemplo, está siendo muy habitual la refinanciación
esperando que el entorno mejore en unos meses o años. Conceptualmente, lo que se
está haciendo es tirar la pelota hacia delante y ver qué puede pasar a nivel
macroeconómico en el futuro próximo. Por tanto, hay dos alternativas, que la
economía empiece a crecer de una manera importante y todo este problema se
resuelva. O que no lo haga y haya multitud de concursos de acreedores los
próximos meses provocando un efecto goteo que puede tener un importante impacto
psicológico generalizado.
De hecho, en los últimos meses las entidades financieras han empleado la dación
en pago para solucionar una parte de los problemas (principalmente en el sector
inmobiliario aunque también en otros casos). Pero tras la fase de pago con
activos (dación en pago), el movimiento que cada vez llega con mayor fuerza es
que las entidades financieras se están quedando con paquetes de acciones de las
empresas. Esto se debe a que dentro de las refinanciaciones o en procesos
normales de financiación, en muchas ocasiones, se pignoran las acciones de la
sociedad como garantía. El problema viene cuando la compañía no puede atender al
repago de la deuda y las entidades financieras ejecutan esas garantías.
Hay algunos casos hasta el momento en empresas cotizadas, grandes inmobiliarias,
alguna participada de capital riesgo, etc. Pero este es sólo el inicio de un
movimiento que seguro que se va a multiplicar en los próximos meses y ante el
que las entidades financieras se deben preparar.
¿Y qué harán los bancos en esta situación? Pues al igual que han creado empresas
para gestionar sus activos inmobiliarios, deberán crear vehículos para sus
participadas con problemas. Aunque muchas entidades financieras ya tienen
carteras de participadas, el tratamiento que van a tener estas empresas va a ser
radicalmente distinta debido a su casuística particular. En muchas ocasiones van
a ser empresas en las que el propietario era el máximo ejecutivo y por tanto, la
banca va a tener que asumir tanto la propiedad como la gestión. A diferencia de
la gestión de carteras en tiempos de bonanza en las que sólo era necesario ir a
la reunión del Consejo de Administración, en este tipo de sociedades, las
necesidades de gestión van a ser mucho más importantes.
Ante esta situación, las entidades financieras tienen una amenaza y una
oportunidad al mismo tiempo. Si usan los correctos mecanismos para gestionar
esta situación puede generarles importantes plusvalías. Sin embargo, una
incorrecta gestión les puede generar problemas en sus balances y cuentas de
resultados.
Como conclusión, la banca con su actitud está ayudando a evitar un drama
empresarial muy importante y por tanto, a la supervivencia de muchas empresas.
Va a ser muy importante su rol en los próximos meses porque aún queda mucha
crisis por delante y su impacto en el tejido empresarial dependerá mucho de las
decisiones de las entidades financieras.
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