Licenciatura en ciencias de la educación. Actualmente maestría en docencia media superior
y superior. Minatitlan, Mexico. Sin duda al partir de la realidad
áulica, reconocemos que, cada vez con mayor frecuencia uno de los problemas que
más preocupa a los profesores de cualquier nivel es el de la comprensión
lectora; frecuentemente se preguntan cómo enseñar a los alumnos a comprender lo
que leen. Durante la última década tanto maestros como especialistas se han
propuesto encontrar, desde una perspectiva crítica, nuevas estrategias de
enseñanza basadas en el mejor entendimiento de los procesos involucrados en la
comprensión de la lectura para incorporarlos al marco teórico que utilizan para
enseñarla.
Así, el interés por la comprensión lectora sigue vigente, aun cuando este
fenómeno se creía agotado, sobre todo en la década de los años 60 y 70 en que
algunos especialistas consideraron que la comprensión era resultado directo del
descifrado: si los alumnos eran capaces de denominar las palabras, la
comprensión por ende, sería automática. Sin embargo, a medida que los profesores
guiaban más su actividad a la decodificación, fueron comprobando que la mayoría
de los alumnos no entendían lo que leían.
También la actividad lectora se vio reducida a que los maestros hicieran
preguntas literales sobre el contenido de un texto, creyendo que con ello los
alumnos lograban asimilar la lectura.
En consecuencia, no se permitía que los niños se enfrentaran al texto utilizando
sus habilidades de lectura, inferencia, y análisis crítico, lo que condujo más
tarde a que los maestros consideraran que el hacer preguntas era más una manera
de evaluar que de enseñar a comprender.
El material que se presenta a continuación, representa una breve reflexión sobre
las estrategias de comprensión lectora; asimismo, se discute sobre aspectos que
tienen que ver directamente con el proceso de enseñanza y aprendizaje y las
diferentes estrategias como: la metacognición, motivación y autorregulación del
aprendizaje, todo esto en función de lograr un aprendizaje eficiente y
significativo del alumno.
La intencionalidad de este trabajo no es prescribir determinadas formas de
enseñar para mejorar el aprendizaje de nuestros alumnos, aunque sí, sugerir y
compartir otra perspectiva que tiene como fin repensar la práctica didáctica
partiendo de los aportes de la metacognición y del pensamiento estratégico.
ANTECEDENTES HISTÓRICOS
En la década de 1920, con base en la teoría conductista, se pensaba que leer era
únicamente verbalizar lo escrito. Sólo se buscaba que el lector repitiera
exactamente las ideas del autor; es decir, no se consideraba que se desarrollara
una interacción entre éste y las personas que leían un texto.
El inicio de las investigaciones de comprensión lectora se desarrolló en un
contexto histórico en el cual el conductismo era el paradigma de conocimiento en
investigación educativa. Por ello, la principal teoría sobre la lectura tenía
como su base esta corriente, lo cual implicaba que lo más importante para
aprender a leer eran los contenidos de la enseñanza; el texto y los procesos
mentales que provocaban problemas en la comprensión.
Se pensaba que leer consistía en decodificar signos y darles sonido, es decir,
era relacionar letras con fonemas. Se creía que si una persona era capaz de
distinguir adecuadamente las letras y los sonidos de nuestra lengua y podía
pronunciarlos bien, entonces podía leer correctamente.
Otros enfoques de aprendizaje de la lectura partían del reconocimiento de las
palabras (visualizar y reconocer) para pasar en segundo término a “comprender” y
finalmente a reaccionar emotivamente ante el estímulo percibido (Dubois, citada
por Pellicer: 1990).
Para esta postura, el significado está en el texto, por lo que el lector no
aporta un significado sino que lo extrae del material impreso, considerando al
lector como un sujeto pasivo, pues lo fundamental era reproducir literalmente lo
que el autor había escrito.
Esta teoría, denominada tradicional, consideraba que todos los individuos debían
pasar por las mismas etapas de lectura; no había una flexibilidad para los
diferentes tipos de lectores o de textos. Por ello, las formas de evaluar la
lectura tampoco eran originales, únicamente se solicitaba a las personas que
identificaran palabras aisladas y datos en general; es decir que copiaran
exactamente lo que decía el texto. Leer, así, era “imitar” lo que decía el
autor; no se asumía que el lector también podía pensar.
El interés por la comprensión lectora no es nuevo. Desde principios de siglo,
los educadores y psicólogos (Huey 1908 - 1968; Smith, 1965) han considerado su
importancia para la lectura y se han ocupado de determinar lo que sucede cuando
un lector cualquiera comprende un texto. El interés por el fenómeno se ha
intensificado en años recientes, pero el proceso de la comprensión en sí mismo
no ha sufrido cambios análogos.
Como bien señala Roser, “cualquiera que fuese lo que hacían los niños y adultos
cuando leían en el antiguo Egipto, en Grecia o en Roma, y cualquiera que sea lo
que hacen hoy para extraer o aplicar significado en un texto, es exactamente lo
mismo”.
Lo que ha variado es nuestra concepción de cómo se da la comprensión; sólo cabe
esperar que esta novedosa concepción permita a los especialistas en el tema de
la lectura desarrollar mejores estrategias de enseñanza.
En los años 60 y los 70, un cierto número de especialistas en la lectura postuló
que la comprensión era el resultado directo de la decodificación (Fries, 1962):
Si los alumnos serán capaces de denominar las palabras, la comprensión tendría
lugar de manera automática.
Con todo, a medida que los profesores iban desplazando el eje de su actividad a
la decodificación, comprobaron que muchos alumnos seguían sin comprender el
texto; la comprensión no tenía lugar de manera automática.
En ese momento, los pedagogos desplazaron sus preocupaciones al tipo de
preguntas que los profesores formulaban. Dado que los maestros hacían, sobre
todo, preguntas literales, los alumnos no se enfrentaban al desafío de utilizar
sus habilidades de inferencia y de lectura y análisis crítico del texto.
El eje de la enseñanza de la lectura se modificó y los maestros comenzaron a
formular al alumnado interrogantes más variados, en distintos niveles, según la
taxonomía de Barret para la Comprensión Lectora (Climer, 1968).
Pero no pasó mucho tiempo sin que los profesores se dieran cuenta de que esta
práctica de hacer preguntas era, fundamentalmente, un medio de evaluar la
comprensión y que no añadía ninguna enseñanza.
En la década de los 70 y los 80, los investigadores adscritos al área de la
enseñanza, la psicología y la lingüística se plantearon otras posibilidades en
su afán de resolver las preocupaciones que entre ellos suscitaba el tema de la
comprensión y comenzaron a teorizar acerca de cómo comprende el sujeto lector,
intentando luego verificar sus postulados a través de la investigación (Anderson
y Pearson, 1984; Smith, 1978; Spiro et al., 1980).
MODELOS
Modelo ascendente o bottom up (Gough, 1972)
El primero es el modelo ascendente o –bottom up. En él, la persona comienza por
las letras y los conjuntos de éstas, en un proceso que va aumentando hasta que
el lector consigue entender las unidades más amplias, las palabras y el texto
completo. El modelo se centra en el texto y sólo se basa en la decodificación
(Artola: 1988; Sandoval: 1991 y Solé: 2001).
Este modelo tiene como base la teoría tradicional, y fue durante los años
setenta que se desarrolló la corriente que I. Solé (2001) llama ascendente. El
también llamado bottom up plantea que la comprensión se logra por medio de un
aprendizaje secuencial y jerárquico de una serie de discriminaciones visuales
(Torres: 1997), entendiendo que la comprensión de un texto escrito es el proceso
cognoscitivo mediante el cual se construye, en la mente del lector, la
información transmitida por el autor a través del medio escrito.
Se le llamó modelo ascendente porque parte de los componentes más pequeños para
después integrarse a otros más importantes. En este modelo, antes de alcanzar la
comprensión del texto, se realizan dos procesos fundamentales: la percepción de
los símbolos gráficos y la decodificación de éstos; es decir, la traducción de
los símbolos gráficos a sus representaciones fónicas (Morales citado por
Morless: 1993).
Fernando Cuetos (2000) explica, a través del modelo ascendente, que la lectura
se compone de procesos perceptivos, léxicos, sintácticos y semánticos, es así
como el autor describe que el proceso inicia a partir de que el lector utiliza
sus sentidos para “extraer” de los signos gráficos la información.
La primera operación que realiza es poner la mirada en los diferentes puntos del
texto; es entonces cuando los ojos permanecen fijos, pero la mayor parte del
tiempo avanza a través de movimientos saccádicos que son los saltos de los ojos
después de fijaciones visuales.
Posteriormente, la información que se adquiere con los ojos se almacena en la
memoria sensorial o memoria icónica; al mismo tiempo la información más
relevante se guarda en la memoria más duradera o memoria a largo plazo. Ese es
el momento del análisis, ya sea a través del reconocimiento global de palabras o
de la identificación previa de sus letras componentes.
En el mismo sentido, Armando Morless (1993) propone que la lectura se compone de
las siguientes etapas: percepción, decodificación, comprensión, retención y
evocación. La primera corresponde al reconocimiento de las letras, la segunda a
su sonido, posteriormente, la identificación, la memorización y finalmente la
repetición, que sería el resultado de la lectura. Es decir, leer no sólo es un
proceso visual sino que depende de que el lector domine la estructura de
superficie, el sonido y la representaciones escritas del lenguaje, así como las
estructuras profundas, portadoras del significado (Sandoval: 1991).
Modelo descendente o top down (smith, 1983)
Este modelo busca palabras o frases globales, y después realiza un análisis de
los elementos que lo componen (Cuetos: 2000; Smith: 1983), tuvo el acierto de
considerar que no sólo existe el texto y su decodificación, sino también las
experiencias previas de las personas al leer.
Es descendente porque, a partir de la hipótesis y las anticipaciones previas, el
texto se procesa para su verificación. De acuerdo con este modelo, aprender a
leer implicaría no tanto la adquisición secuencial de una serie de respuestas
discriminativas, sino el aprendizaje y el empleo de los conocimientos
sintácticos y semánticos previos para anticipar el texto y su significado
(Torres: 1997).
El procesamiento en la lectura se produce en sentido descendente, desde las
unidades globales hasta las más discretas, en un proceso “guiado por conceptos”,
en el cual el lector es el eje principal. Se reconocen estas ideas en los
métodos analíticos que parten de la enseñanza de configuraciones con sentido,
palabra o frase y se procede al análisis de sus elementos constituyentes (Solé:
2001).
El lector no decodifica empezando por letras y palabras hasta llegar a la idea
principal, sino que utiliza sus experiencias y conocimientos previos para
comprender el texto. Si la persona cuenta con suficiente información previa
sobre el texto que va a leer, no necesitará detenerse en cada palabra o párrafo.
F. Smith (1983), que realizó diversas investigaciones sobre la lectura, llegó a
la conclusión de que aportan más a ésta el conjunto de conocimientos que tienen
los individuos en su cerebro que el texto en sí; al respecto explica que “la
lectura no sólo es una actividad visual, tampoco una simple cuestión de
decodificar el sonido.
Son esenciales dos fuentes de información para la lectura, la información visual
y la información no visual.
Aun cuando puede haber un intercambio entre estos dos, hay un límite para la
cantidad de información visual que puede manejar el cerebro para darle sentido a
lo impreso. Por lo tanto, el uso de la información no visual es crucial en la
lectura y en su aprendizaje”.
En este sentido se rechaza la lectura basada exclusivamente en la percepción
visual y en la decodificación de signos auditivos, enfatizando como elementos
decisivos en la comprensión el conocimiento y las experiencias previas, que son
el conjunto de modelos que construye una persona en interacción con la realidad.
Estas estructuras son vitales para entender lo escrito, son una especie de
mapas, que en palabras de Smith dan sentido al mundo.
Las personas tienen una teoría acerca de lo que les rodea, que desarrollan a
partir de la cultura en que han vivido y esto es determinante para el
aprendizaje, Smith lo explica de la siguiente forma: “la teoría del mundo es la
base del aprendizaje, tiene una estructura propia y reglas para especificar la
relación de categorías y un sistema de interrelaciones entre categorías (tratar
a ciertos objetos como si fueran iguales); nuestro sistema de categorías que es
parte de nuestra teoría interna del mundo es esencial para darle sentido al
mundo (lo que no esté dentro de ésta carecerá de sentido). Cada categoría debe
tener un conjunto de reglas para identificarla, además forman parte de un
sistema y están interrelacionadas entre sí.”
Es decir, se lee por el significado y no sólo por grafías. Esto es, que los
individuos participan de forma activa, porque el lector busca el significado y
no sólo las letras. Al respecto, Smith apunta que “la manera en que los lectores
buscan el significado no es considerar todas las posibilidades, ni hacen
conjeturas arriesgadas acerca de una sola, sino que más bien predicen dentro del
rango de alternativas más probables […]. Los lectores pueden derivar significado
directamente del texto porque mantienen expectativas acerca del significado del
mismo.”
El modelo interactivo (Carrel, Devil, 1988)
Isabel Solé (2000, 2001), define a la comprensión lectora como el proceso en el
que la lectura es significativa para las personas. Ello implica, además, que las
personas sepan evaluar su propio rendimiento.
Los avances de la psicolingüística
y la psicología cognitiva a finales de la década del setenta trataron a la
lectura como un conjunto de habilidades y no sólo de conocimientos (Quintana:
2000).
A partir de este momento surge la teoría interactiva, dentro de la cual se
destaca el empleo por parte de los lectores de sus conocimientos previos para
interactuar con el texto y construir significado.
En esta postura la lectura es un proceso interactivo entre el lector y el texto,
en el cual los individuos buscan información para los objetivos que guían la
lectura, lo cual implica la presencia de un lector activo que procesa el texto.
En esta serie de etapas la comprensión interviene tanto en el texto, su forma y
su contenido, como en el lector, las expectativas y conocimientos previos (Solé:
2000).
La teoría combina el modelo ascendente porque necesita saber decodificar, y el
descendente, porque para leer también se requiere de objetivos, conocimientos y
experiencias previas, todo lo cual se encuentra mediado por la cultura.
En la teoría interactiva son tan importantes el texto, los procesos que
intervienen para su decodificación, y el lector, esto lo explica Isabel Solé
(2000) de la siguiente manera: Cuando el lector se sitúa ante el texto, los
elementos que lo componen generan en él expectativas a distintos niveles (el de
las letras, las palabras..) de manera que la información que se procesa en cada
uno de ellos funciona como input para el nivel siguiente; así, a través de un
proceso ascendente, la información se propaga hacia niveles más elevados.
Pero simultáneamente, dado que el texto genera también expectativas a nivel
semántico, de su significado global, dichas expectativas guían la lectura y
buscan su verificación en indicadores de nivel inferior (léxico, sintáctico,
grafofónico) a través de un proceso descendente. Así el lector utiliza
simultáneamente su conocimiento del mundo y su conocimiento del texto para
construir una interpretación acerca de aquél.
Desde el punto de vista de la enseñanza, las propuestas que se basan en esta
perspectiva señalan que los alumnos aprenden a procesar el texto y sus distintos
elementos así como las estrategias que harán posible su comprensión. Según esta
teoría, una persona, para leer, necesita dominar la decodificación, pero va más
allá porque asume que la persona que lee interpreta el texto, no lo repite de
forma mecánica.
El proceso interactivo es al mismo tiempo ascendente y descendente. Al respecto,
Kenneth Goodman (1982) menciona que el proceso de lectura “debe comenzar con un
texto con alguna forma gráfica; el texto debe ser procesado como lenguaje; y el
proceso debe terminar con la construcción del significado. Sin significado no
hay lectura, y los lectores no pueden lograr significados sin utilizar el
proceso”.
En el proceso de interacción entre el lector y el texto, la persona pone en
juego una serie de elementos: la información que facilita el texto, la
información que facilita el contexto y los conocimientos previos que el lector
posee sobre el texto y sobre el mundo (Bofarull: 2001).
Por el conocimiento cultural que posee, es decir, los conocimientos previos,
Goodman afirma que toda lectura es interpretación y que ésta depende de lo que
la persona ya sabe antes de ejercer esta acción.
En este sentido, las personas de una misma cultura construirán un significado
similar pero no el mismo, nadie comprenderá un texto de la misma manera, es
decir, de la misma forma que otra persona. De hecho, únicamente se pueden
realizar interpretaciones sobre la base de lo que ya se conoce.
Para el modelo interactivo, leer es un proceso en el que interactúan el texto y
el lector, en el que tienen la misma importancia tanto los procesos lingüísticos
como los culturales. Cuando se habla de experiencias previas nos referimos a los
conocimientos anteriores de las personas, o sea, las estructuras de conocimiento
previas (Smith: 1983).
El lector es un sujeto activo que casi siempre buscará significado, únicamente
en casos muy específicos y casi automáticos no lo hará; por ejemplo, al leer un
número telefónico o un número de serie (Solé: 2000).
En otros casos, la persona buscará comprender el texto. Los individuos buscarán
en sus esquemas de conocimiento, realizarán inferencias, predicciones,
seleccionarán la información importante (lo cual depende de la estructura del
texto) y no sólo se centrarán en palabras y oraciones aisladas (Goodman: 1987).
Finalmente, el modelo interactivo sostiene que la comprensión del texto se
alcanza a partir de la interrelación entre lo que el lector lee y lo que ya sabe
sobre el tema. Interactúan como referentes el contexto, el texto y el lector
(Torres: 1997).
Etapas del proceso de la lectura
Para Solé (1994), la lectura tiene subprocesos, entendiéndose como etapas del
proceso lector: Un primer momento, de preparación anímica, afectiva y de
aclaración de propósitos; en segundo lugar la actividad misma, que comprende la
aplicación de herramientas de comprensión en sí; para la construcción del
significado, y un tercer momento la consolidación del mismo; haciendo uso de
otros mecanismos cognitivos para sintetizar, generalizar y transferir dichos
significados.
La lectura como proceso de adquisición de habilidades de carácter cognitivo,
afectivo y conductual, debe ser tratada estratégicamente por etapas. En cada una
de ellas han de desarrollarse diferentes estrategias con propósitos definidos
dentro del mismo proceso lector.
Solé (1994), divide el proceso en tres subprocesos a saber: antes de la lectura,
durante la lectura y después de la lectura:
Antes de la Lectura
Como todo proceso interactivo,
primero debe crearse las condiciones necesarias, en este caso, de carácter
afectivo. O sea el encuentro anímico de los intercoluctores, cada cual con lo
suyo: Uno que expone sus ideas (el texto), y el otro que aporta su conocimiento
previo motivado por interés propio.
Esta es en síntesis la dinámica de la lectura. En esta etapa y con las
condiciones previas, se enriquece dicha dinámica con otros elementos
sustantivos: el lenguaje, las interrogantes e hipótesis, recuerdos evocados,
familiarización con el material escrito, una necesidad y un objetivo de interés
del lector, no del maestro únicamente.
Durante la Lectura
Es necesario que en este momento
los estudiantes hagan una lectura de reconocimiento, en forma individual, para
familiarizarse con el contenido general del texto. Seguidamente, pueden leer en
pares o pequeños grupos, y luego intercambiar opiniones y conocimientos en
función al propósito de la actividad lectora.
Siendo nuestro quehacer una función integradora, éste es un auténtico momento
para que los estudiantes trabajen los contenidos transversales, valores, normas
y toma de decisiones; sin depender exclusivamente del docente. Claro está que
él, no es ajeno a la actividad. Sus funciones son específicas, del apoyo a la
actividad en forma sistemática y constante.
Después de la Lectura
De acuerdo con el enfoque
socio-cultural Vigotsky, L. (1979), la primera y segunda etapa del proceso
propiciará un ambiente socializado y dialógico, de mutua comprensión. La
actividad ha de instrumentalizar el lenguaje como herramienta eficaz de
aprendizaje, de carácter ínterpsicológico.
En esta etapa todavía está vigente la interacción y el uso del lenguaje, cuando
se les propone a los estudiantes la elaboración de esquemas, resúmenes,
comentarios, etc. Aquí el trabajo es más reflexivo, crítico, generalizador,
metacognitivo, metalingüístico; o sea que el aprendizaje entra a un nivel
intrapsicológico.
La experiencia activada con el lenguaje se convierte en imágenes de carácter
objetivo; los que vienen a integrarse a los esquemas mentales del sujeto, para
manifestarse luego en su personalidad (formación integral). El fin supremo en
todo aprendizaje significativo es eso, formar nuevas personas razonadoras,
críticas, creativas, con criterios de valoración propios al cambio.
Los niveles de comprensión lectora
Los niveles de comprensión deben entenderse como procesos de pensamiento que
tienen lugar en el proceso de la lectura, los cuales se van generando
progresivamente; en la medida que el lector pueda hacer uso de sus saberes
previos.
Para el proceso de enseñanza y aprendizaje de la lectura es necesario mencionar
los niveles existentes:
Nivel Literal o comprensivo
Reconocimiento de todo aquello que
explícitamente figura en el texto (propia del ámbito escolar). Implica
distinguir entre información relevante y secundaria, encontrar la idea
principal, identificar las relaciones de causa – efecto, seguir instrucciones,
identificar analogías, encontrar el sentido a palabras de múltiples
significados, dominar el vocabulario básico correspondiente a su edad, etc. para
luego expresarla con sus propias palabras.
Mediante este trabajo el docente comprueba si el alumno puede expresar lo que ha
leído con un vocabulario diferente, si fija y retiene la información durante el
proceso lector y puede recordarlo para posteriormente explicarlo.
Nivel Inferencial
Se activa el conocimiento previo
del lector y se formulan hipótesis sobre el contenido del texto a partir de los
indicios, estas se van verificando o reformulando mientras se va leyendo.
La lectura inferencial o interpretativa es en sí misma "comprensión lectora", ya
que es una interacción constante entre el lector y el texto, se manipula la
información del texto y se combina con lo que se sabe para sacar conclusiones.
Esto permite al maestro ayudar a formular hipótesis durante la lectura, a sacar
conclusiones, a prever comportamientos de los personajes y a realizar una
lectura vivencial.
Nivel Criterial
En este nivel de comprensión el
lector después de la lectura, confronta el significado del texto con sus saberes
y experiencias, luego emite un juicio crítico valorativo y la expresión de
opiniones personales acerca de lo que se lee. Puede llevarse en un nivel más
avanzado a determinar las intenciones del autor del texto, lo que demanda un
procesamiento cognitivo más profundo de la información.
ESTRATEGIAS PARA LA COMPRENSIÓN LECTORA
La comprensión lectora, es el proceso mediante el cual el lector establece
relaciones interactivas con el contenido de la lectura, vincula las ideas con
otras anteriores, las contrasta, las argumenta y luego saca conclusiones
personales. Estas conclusiones de información significativa, al ser asimiladas y
almacenadas por el lector, enriquecen su conocimiento.
Morles (1987) manifiesta que “Sin comprensión no hay lectura”. Por tanto, la
lectura para la comprensión, no puede ser superficial o vaga. Debe ser activa,
exploratoria, indagatoria, donde la conexión o enlace que se efectúe con otros
conocimientos ya adquiridos, proporcione nuevas ideas que sean importantes y con
alto grado de significación para el lector.
Desde el punto de vista del lector, el lenguaje es información brindada por
medio de códigos que deben ser procesados. Los procesamientos mentales son
básicamente perceptivos, de memoria y cognoscitivos y suponen una capacidad de
inteligente potencial.
Por que la comprensión durante la
lectura consiste en el despliegue de un conjunto de actividades que tienen por
finalidad la extracción o elaboración del significado.
Resulta así evidente que la comprensión o habilidad de los sujetos para procesar
información semántica es solo uno de los procesos de lectura a ser analizado, ya
que estos implican, además, habilidades para el manejo de otros niveles de
información lingüística como son el fonológico, el sintáctico y el pragmático.
La lectura exige el manejo secuencial y/o simultaneo de información específica
correspondiente a los diferentes niveles de estructuración del mensaje.
Entre algunas de las habilidades que se postulan como subyacentes a la
comprensión lectora, pueden mencionarse: conocimiento léxico, identificación de
ideas centrales, habilidad para hacer inferencias, habilidad para establecer
generalizaciones, comprensión literal y comprensión de la intención del autor.
Es por eso que Solé (1994), divide el proceso de la lectura en tres subprocesos
a saber: antes de la lectura, durante la lectura y después de la lectura. Solé
recomienda que cuando uno inicia una lectura se acostumbre a contestar las
siguientes preguntas en cada una de las etapas del proceso, antes de la lectura;
¿Para qué voy a leer? (Determinar los objetivos de la lectura), ¿Qué sé de este
texto? (Activar el conocimiento previo), ¿De qué trata este texto?, ¿Qué me dice
su estructura? (Formular hipótesis y hacer predicciones sobre el texto).
Durante la lectura; formular hipótesis y hacer predicciones sobre el texto,
aclarar posibles dudas acerca del texto, resumir el texto, releer partes
confusas, consultar el diccionario y pensar en voz alta para asegurar la
comprensión. Después de la lectura; hacer resúmenes, formular y responder
preguntas, recontar y utilizar organizadores gráficos.
Los enfoques que de forma más extendida estamos utilizando en la enseñanza de la
lectura como en la enseñanza de la comprensión lectora, (el enfoque ascendente)
se inicia con el reconocimiento de las unidades lingüísticas más pequeñas
(letras, palabras...) hasta llegar a las unidades superiores (frases,
oraciones). Lo importante por tanto en este enfoque es trabajar en la
decodificación: si los alumnos son capaces de decodificar, la comprensión tendrá
lugar de forma automática.
Existe también un enfoque descendente en el que se apuesta, porque el hecho de
que la comprensión de un texto comienza con hipótesis o predicciones que
provienen de sus experiencias pasadas, su conocimiento del lenguaje y del mundo.
El lector es quien crea el texto y su papel se recrece.
Por lo tanto, el enfoque interactivo concibe la comprensión como un proceso a
través del cual el lector elabora un significado en interacción con el texto.
Lector y texto tienen la misma importancia, aunque otorga gran importancia a los
conocimientos previos del lector a la hora de enfrentarse a cualquier tipo de
texto.
Según su función los niveles de comprensión lectora pueden ser: de
decodificación, el cual consiste en el reconocimiento de palabras y la
asignación el significado fonético que se refiere a la pronunciación y el
significado de las palabras es un prerrequisito para alcanzar la comprensión
lectora. Mientras, el nivel de comprensión literal: hace énfasis en el
entendimiento de la información explicita que contiene el texto, si el
estudiante no esta en la capacidad de entender la información tendrá problemas
para ascender al otro nivel.
Por otro lado, en la comprensión inferencial: en este nivel el estudiante va
“más alla” de lo dicho en la información escrita, o el contenido del texto,
porque son las ideas o elementos que no están expresados explícitamente en el
texto sino lo contrario en forma implícita.
Por ultimo, el nivel de la
metacomprension; hace que el lector puede reflexionar sobre el contenido del
texto, llegando a una comprensión del mismo, evalúa y adopta una postura al
realizar una critica y tomar decisiones.
Existe un acuerdo generalizado en considerar que las estrategias responsables de
la comprensión durante la lectura que se pueden fomentar en actividades de
lectura compartida son las siguientes: formular predicciones del texto que se va
a leer, plantearse preguntas sobre lo que se ha leído, aclarar posibles dudas
acerca del texto y resumir las ideas del texto. De lo que se trata es que el
lector pueda establecer predicciones coherentes acerca de lo que va leyendo, que
las verifique y se implique en un proceso activo de control de la comprensión.
CONCLUSIÒN
Las estrategias de comprensión lectora son procedimientos de carácter elevado,
que implican la presencia de objetivos que cumplir, la planificación de las
acciones que se desencadenan para lograrlos, así como su evaluación y posible
cambio.
Esta afirmación tiene varias implicaciones: si las estrategias de lectura son
procedimientos y éstos son contenidos de enseñanza, entonces hay que enseñar
estrategias para la comprensión de textos que implican lo cognitivo y lo
metacognitivo. Lo que caracteriza a la mentalidad estratégica es su capacidad
para representarse y analizar los problemas y la flexibilidad para dar
soluciones. De ahí que al enseñar estrategias de comprensión lectora haya que
primar la construcción y uso por parte de alumnos de procedimientos de tipo
general que puedan ser transferidos sin mayores dificultades a situaciones de
lecturas múltiples y variadas.
Es necesario enseñar estrategias de comprensión porque queremos hacer lectores
autónomos, capaces de enfrentarse de manera inteligente a textos de muy
diferente índole, la mayoría de las veces, distintos de los que se usa cuando se
instruye. Estos textos pueden ser difíciles, por lo creativos o porque estén mal
escritos. En cualquier caso, dado que responden a una gran variedad de
objetivos, cabe esperar que su estructura sea también variada, así como lo será
su comprensibilidad.
Hacer lectores autónomos significa también hacer lectores capaces de aprender de
todos los textos. Para ello, quien lee debe ser capaz de interrogarse acerca de
su propia comprensión, establecer relaciones entre lo que lee y lo que forma
parte de su acervo personal, cuestionar su conocimiento y modificarlo,
establecer generalizaciones que permitan transferir lo aprendido a otros
contextos distintos.
Las estrategias deben permitir al alumno la planificación de la tarea general de
lectura y su propia ubicación ante ella (motivación, disponibilidad).
Facilitarán la comprobación, la revisión y el control de lo que se lee, y la
toma de decisiones adecuada en función de los objetivos que se persigan.
Es así como las tareas de lectura compartida deben ser consideradas como la
ocasión para que los alumnos comprendan y usen las estrategias que le son útiles
para comprender los textos. También deben ser consideradas como el medio más
poderoso de que dispone el profesor para proceder a la evaluación formativa de
la lectura de sus alumnos y del proceso mismo, y en este sentido, como un
recurso imprescindible para intervenir de forma contingente a las necesidades
que muestran o que infiere de sus alumnos.
Lo importante es entender que para ir dominando las estrategias responsables de
la comprensión (anticipación, verificación, autocuestionamiento...) no es
suficiente con explicarlas, es necesario ponerlas en práctica comprendiendo su
utilidad. Es necesario que los alumnos comprendan y usen las estrategias
señaladas, ya que no hay que olvidar que el fin último de toda enseñanza, y
también en el caso de la lectura, es que los aprendices dominen con autonomía
los contenidos que fueron objeto de instrucción.
Si queremos que nuestros alumnos se conviertan en constructores de significado,
en lugar de lectores pasivos de textos que transfieren únicamente la
información, es necesario cambiar la forma de enseñar la comprensión lectora,
para ello debemos modificar nuestras prácticas de clase a través de diversas
estrategias.
BIBLIOGRAFIA
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