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Orquestación estratégica para la competitividad del pequeño comercio
- Por Jon Ander Crespo Ferrer
- Publicado 6/01/2010
- Emprendedores
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Jon Ander Crespo Ferrer
Socio Consultor.
Estrategia y Gestión de Negocios, S.L.
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Los agresivos planes de marketing
que han desarrollado las grandes superficies, la oferta de servicio de
aparcamiento a sus clientes o la adecuación de estos grandes centros comerciales
a los nuevos horarios de la familia del siglo XXI, son acciones que sin duda han
tocado en la línea de flotación del pequeño comercio pero que, sin embargo, no
dejan de ser estrategias comerciales que, con mayor o menor justicia, vienen
incluidas en el libro de reglas de juego de la competencia del mercado.
Pero la cosa no queda ahí. Las grandes empresas, de manera consciente o
inconsciente, están empleando como herramienta competitiva de desgaste el
impacto de su presencia en el mercado inmobiliario de allí donde emplazan sus
establecimientos.
Excepto en casos aislados, como puede ser el ejemplo de Sabadell (Barcelona –
España), estamos contemplando un espectáculo de “clonación” de los núcleos
urbanos de las ciudades, configurando paisajes repetitivos de cadenas de
establecimientos comerciales y entidades financieras (El Corte Inglés, Zara,
McDonalds, etc.), que nos vamos encontrando de ciudad en ciudad.
Un problema estético que sin duda redunda en otro peor. Como consecuencia de la
implantación de estas grandes empresas en las zonas estratégicas de venta de la
ciudad, el valor de los locales comerciales colindantes se eleva a la enésima
potencia. Algo interesante para el propietario del local, quien estará deseando
que alguna de estas cadenas se arrime a su puerta para incrementar su
patrimonio, pero desastroso para los costes estructurales de aquel comerciante
cuyo local esté en alquiler.
Es decir, el pequeño comercio ya no solo compite contra estrategias de marketing
como amplios surtidos, precios baratos o grandes campañas de publicidad, sino
que entra en la batalla de los costes estructurales, la cual ataca un punto
mucho más crítico de estos negocios.
¿Y qué puede hacer el pequeño comercio al respecto?
Acciones como el “Manifiesto del Comercio Español” elaborado en 2005 por la
Confederación Española de Comercio o la Declaración de Badajoz 2006, cuyo lema
es “Por un comercio urbano y socialmente responsable”, auspiciada conjuntamente
por la misma Confederación y su homóloga portuguesa, la Confederaçâo do Comércio
e Serviços de Portugal, son un claro indicio de la apuesta de los comerciantes
por defender el pequeño comercio en las ciudades.
Sin duda estas acciones son de vital trascendencia para recordar la importancia
a las administraciones públicas del problema que nos ocupa. Sin embargo, estas y
otras acciones similares, acaban derivando los problemas del sector hacia su
solución por parte de la administración, instándola en muchas ocasiones a que
establezca barreras de entrada a las medianas y grandes superficies, lo cual
está claro que no es el único problema del sector, pudiendo ser el
establecimiento de dichas barreras precisamente un problema para la
competitividad del pequeño comercio.
Es decir, a día de hoy es mucho más preocupante para las grandes superficies el
hecho de tener que competir entre ellas que con el pequeño comercio.
No obstante, para muchas otras acciones parece necesario contar con la
participación de la administración, aunque no tanto para disponer o subvencionar
acciones puntuales (medidas fiscales a los propietarios, etc.) sino para
participar, dentro del marco de una orquestación estratégica, en planes
encaminados a conseguir la competitividad de núcleos de servicios comerciales,
basados en el pequeño comercio.
Esto quiere decir que no sirve de nada poner parches puntuales a problemas
coyunturales, sino que se debe realizar una gestión global, visualizar la
gestión de los pequeños comercios como la de un único gran centro comercial,
donde cada establecimiento tiene su independencia, pero donde continuamente se
generan y aprovechan las sinergias existentes entre los mismos, minimizándose
costes, maximizando la eficacia de las estrategias de comunicación, etc.
En definitiva, existe un camino demasiado largo entre el pequeño comerciante y
la gran empresa, por lo que para acortarlo no será suficiente con realizar una
acción puntual, sino que será necesario orquestar una estrategia que comprenda
el desarrollo de un conjunto de acciones encaminadas a alcanzar un objetivo
global.
Acciones concretas
Como el lector versado en dirección estratégica podrá suponer, aunque el papel
lo aguanta todo, en la práctica existen múltiples factores como son los
distintos agentes externos y las diferentes características propias de cada
núcleo urbano comercial, que hacen que no resulte tan sencillo organizar una
orquestación para un entorno de pequeños comercios.
Por ello, y siendo conscientes de la ineficacia de aventurar un modelo estándar
que sirva para todo el pequeño comercio de todas las ciudades, al menos podemos
indicar una serie de acciones que de alguna u otra manera deben tenerse en
consideración en la formulación de una orquestación de estas características.
En este caso podemos diferenciar entre las medidas dirigidas a controlar los
costes y aquellas encaminadas a potenciar la facturación.
Respecto a las medidas destinadas a controlar los costes podemos hablar de
algunas acciones concretas como potenciar las centrales de compras, los
contratos de gestión interesada o los alquileres de renta variable, siendo
conscientes de que las centrales de compras, si bien pueden ser beneficiosas
para el abaratamiento de los gastos generales, cuando se enfocan a la compra de
mercaderías pueden entrar en conflicto con las estrategias de diferenciación.
Las medidas dirigidas a incrementar la facturación pueden ser más “clásicas”,
pero por ello no dejan de ser efectivas. En este caso hablamos del empleo de
nuevas tecnologías, negociación de productos exclusivos, mejora de las
condiciones de financiación, disposición de personal cualificado para la
profesión (amabilidad, servicio, conocimientos técnicos, etc.), realización de
distribución a domicilio, mantenimiento en el tiempo de una adecuada estrategia
de comunicación y muchas otras acciones bien conocidas por el pequeño comercio
que, en definitiva, van encaminadas a potenciar la capacidad y la actitud
comercial de ir por delante de las necesidades del cliente para satisfacer e
incluso superar sus expectativas.
Aunque también hay que decir que estas últimas medidas no solucionan
problemáticas particulares del pequeño comercio, sino prácticamente de la
generalidad de las empresas, por lo que el pequeño comercio, siempre trabajando
como una unidad, deberá inventarse sus propias ventajas competitivas, llegando a
acuerdos con establecimientos hosteleros, parkings, guarderías, etc.,
entendiendo que cada caso será diferente para cada ubicación.
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