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Tiempo para trabajar, tiempo para vivir. Tiempo y vida
- Por Ricardo Sotillo Hidalgo
- Publicado 2/12/2009
- Administracion del Tiempo
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Ricardo Sotillo Hidalgo
Licenciado en
Filosofía y Ciencias de la Educación, ha realizado estudios de doctorado
en intervención psicosocial y postgrado en comunicación humana.
Actualmente trabaja como Subdirector de Comunicación Interna en la
Empresa Pública de Emergencias Sanitarias (EPES), de la Administración
Andaluza. Entre las actividades que realiza en esta etapa están la
Gestión de contenidos de la Intranet corporativa, Plan de Comunicación
Interna y los soportes para la Gestión del Conocimiento del Grupo EPES.
Es miembro de la Sociedad Española para el estudio del Estrés y de la
Ansiedad. Investiga en el ámbito de las relaciones humanas dentro de la
organización.
Tiempo para trabajar, tiempo para vivir. Tiempo y vida
La jornada de 35 horas
semanales, los permisos por maternidad y lactancia, las reducciones de
jornada o la excedencia parental son realidades que han visto la luz en los
últimos años. Logros sociales que empleados y empleadores del siglo XXI ven
como cotidiano. No era ese el panorama hace unas cuantas décadas.
Pero me gustaría extender esta cuestión a la jornada del directivo. ¿Acaso
el directivo tiene un horario? Debería tenerlo, aunque sólo fuera por
aquello de “mens sana in corpore sano” que nos anunciaba Junio Juvenal, el
poeta latino. Vayamos por partes. Organizamos nuestra actividad, dedicamos
un precioso tiempo a planificar, tomar decisiones o reunirnos. Todo esto es
tiempo de trabajo. Tiempo que, nosotros más que nadie, debemos gestionar
como oro, como la vida misma.
Desde aquí, me gustaría detenerme para analizar algunos de los síntomas que
nos indican que algo no marcha bien del todo en cuanto a la gestión de
nuestro tiempo. También apuntaremos unos guiños, que suelen ser rasgos
comunes a todos los directivos en cuanto a su utilización del tiempo, para
finalmente, tratar de avanzar algunas notas sobre cómo prevenir este mal y
de paso mejorar nuestra calidad de vida.
Síntomas de una mala gestión del tiempo.
Reuniones sin hora de finalización o lo que es peor, con hora de
finalización que jamás se cumple.
¿Cuántas veces nos reunimos y sólo conocemos dos o tres aspectos de la
reunión? La hora de comienzo, el lugar y las personas con quien nos
reuniremos. A veces conocemos el motivo principal, motivo que
inexorablemente deriva en otros motivos también importantes y vitales para
la empresa y, por tanto, hay que abordarlos. Son reuniones que yo llamo "de
repaso". Suelen acabar por agotamiento o porque hay otra reunión que precisa
de alguno de los asistentes a la primera. ¡Huyamos de este tipo de
reuniones! Cuestan dinero, horas y motivación de nuestros directivos. Sólo
en horas, podemos hacer unos cálculos muy sencillos. Multipliquemos dos
reuniones a la semana, por tres horas, por 40 semanas, por una media de 5
directivos, por una media de 60 euros la hora y obtenemos el dinero que más
o menos perdemos en reuniones de este tipo: 12 millones de pesetas. En
euros, 72.000 al año. Esto es aplicable a una empresa de no más de 1000
empleados y no más de 40 directivos.
¿Cómo remediarlo?
Un tratamiento sintomático más una buena terapia de base. Contra los
síntomas, imprescindible conocer el motivo, el lugar y las personas, sí.
Requisito higiénico imprescindible, conocer la hora de comienzo y la hora
prevista para finalizar la reunión. Tratamiento de base. Entregar
documentación previa, junto al orden del día y aquello que necesitan que
nosotros preparemos o aportemos. Importante también conocer al final las
conclusiones, compromisos de tareas o acuerdos. Deberíamos hacer reuniones
con un mínimo de rigor, aunque sólo sea por obtener mejores resultados, que
no es poco.
¿Tienes un minuto?
Son los que se acercan al despacho, te formulan la pregunta infalible que
sólo tiene una respuesta válida. ¿Tienes un minuto? Cómo no ¿qué se te
ofrece? Y siempre caemos. Son más hábiles que nosotros. Ni que decir tiene
que ese minuto, una vez que han abordado nuestra "goleta" dura lo que el
aburrimiento y la paciencia tardan en ponerse de acuerdo.
Hay remedio. Pues debería tener varias respuestas, del tipo de "Ahora mismo
no lo tengo, pero te aviso más tarde y me lo comentas" o esta otra " Cómo
no, en cuanto termine este asunto estoy contigo y seré todo oídos". ¿Verdad
que es fácil?
Reuniones informales.
Son como las primeras pero "a traición". Suelen durar menos, eso sí, pero
también nos roban tiempo.
Remedio mágico. Huye a todo tren de las reuniones informales, detecta los
prolegómenos de ellas. Una cosa es escuchar o estar abierto a propuestas, y
otra bien distinta es analizar de forma colegiada cada paso que tengamos que
dar. Insisto, aléjate de las reuniones informales mientras estés a tiempo.
Si no sabes por qué, es que te sobra el tiempo o te faltan tareas.
Correos electrónicos.
Son una especie de "ciberpiratas domésticos" que con la ayuda de las nuevas
tecnologías potencian su eco. Y si además le adjuntamos una presentación en
power point con unas fotografías de icebergs, perritos o caras de otros
pueblos, junto a frases propias de un reciclaje sórdido de Gandhi, Teresa de
Calcuta o Tagore, tenemos la combinación perfecta que ni el propio Albert
Einstein hubiera imaginado: Espacio y tiempo. Nos saquean el espacio y el
tiempo. El espacio, porque una presentación de este tipo suele ocupar mucho
y además, suele ser un reenvío múltiple. El tiempo por lo que antes
decíamos. A veces nos advierten de algún tipo de virus, troyano o vaya usted
a saber, cuando resulta que el peor de los virus es precisamente ese, el que
te ha llegado de manera repetida avisándote de que borres, no abras,
difundas o envíes no se qué a no se qué otra dirección.
¿Hay remedio? A grandes males… restringe tu dirección de correo electrónico
y no formes parte de listas, que no sabes muy bien el origen o la finalidad.
Prepara de forma automática una regla con el asistente del correo para que
este tipo de mensajes vaya directamente a otro lugar y puedas decidir si
abrirlo o no.
Bueno, tampoco se trata de convertirnos en seres incomunicados de férrea
disciplina con respecto al tiempo y a las relaciones. Que no se trata de
eso, todo lo contrario, pero sin perder de vista que nuestro tiempo es
perecedero. De lo que sí se trata es de que tomemos conciencia de ello y
apliquemos la máxima de aristotélica: "la virtud está en el término medio".
Rasgos comunes con respecto a la gestión del tiempo.
Con alguna variación individual, podríamos asegurar que existen rasgos
comunes y que se transforman en conductas propias.
Una sensación de que el día se queda corto y de que con un par de horas más
que tuviese nos bastaría. Pues no, sólo se trata de una sensación relativa a
la percepción del tiempo que ya malgastamos.
Cuando nos marchamos en horario "normal" nos da la impresión de que nos
estamos escapando o tomando tiempo a cuenta de lo mucho que ya trabajamos
cuando nos quedamos hasta las tantas. Otro fallo, cuando hay que irse porque
queremos ver a nuestro hijo en el partido de baloncesto, lo decimos y no nos
inventamos las revisiones del coche o las citas del dentista.
Bueno, me marcho pero cargo el ordenador y meto todos los papeles en la
carpeta para leerlos en casa. ¿A qué hora, antes o después de la cena cuando
ponen ese programa en la tele?. Al final lo que hacemos es pasear la cartera
y el ordenador. Para lo único que nos sirve es para sentirnos más unidos al
despacho.
Medidas preventivas. Tu tiempo es tu vida y sólo a ti te pertenece.
Y si trabajas en una empresa en la que tus jefes piensan lo contrario, tal
vez deberías plantearte que no te conviene. No digo que te marches, digo que
no te conviene, aunque tú a ellos está claro que sí.
Primera medida: Planificación de tareas. Si no sabes a qué hora vas a salir,
es fácil sospechar que te entretengas en mil cosas, pensando que en el
tiempo cabe todo. Planifica tu día sacando el máximo provecho al tiempo,
hazlo de manera rigurosa, agrupa las tareas y no caigas en los estímulos que
te van a sonsacar a lo largo de la jornada. Los estímulos pueden hacer que
veas como urgente aquello que no lo es. Tus objetivos los marcas tú cada
día. Planifica pues lo importante, prioriza lo urgente y comienza a trabajar
en aquello que ves como inalcanzable, pero que tienes que abordar. Esto a la
larga se nota, lo notas tú y lo notan los demás.
Segunda medida: Control del tiempo. Una vez que has planificado el día,
controla el tiempo. Dedica el tiempo necesario a cada cosa, ni más ni menos.
Cada tarea tiene su tiempo, no por darle mil vueltas más de las previstas
vamos a solucionarlas. A veces es mejor sedimentar el pensamiento y
retomarlo con energías renovadas.
Tercera medida: Señales de alerta. Coloca señales de alerta en tu despacho,
evita los merodeadores del ¿tienes un minuto?. Ya los conoces, no son malas
personas, son colegas y en algunos casos amigos, pero evita que ello te
cueste a ti siempre el tiempo. Da a conocer que en determinadas horas tu
tiempo es sagrado porque lo dedicas a trabajar. ¿Te resulta obvio? mejor
pues. Pon reglas a tu correo con respecto a los tantras y perritos que te
envían. No digo que los borres, simplemente no los alimentes, no le dediques
más tiempo que el que te tome detectarlos. El correo electrónico nos roba
mucho tiempo, sácale partido a las nuevas tecnologías, evita que te lo
saquen a ti.
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