
Director de HFG – Alta Gestión en Recursos Humanos. Consultor en cambio organizacional mediante el proceso de transformaciones empresarias, y en el diseño e implementación de programas de operaciones autónomas en empresas radicadas en Buenos Aires, Chubut, Río Negro y Santa Cruz. Ha dictado numerosas conferencias en congresos y foros nacionales, sobre la gestión de Recursos Humanos. Participó en jornadas y congresos de Administración y Dirección de Personal, realizados en Argentina, Brasil, España y Estados Unidos. Dicta seminarios y talleres a mandos medios, ejecutivos y directivos de organizaciones empresarias y sociales. Ha brindado actividades en INDIPE, ADPA, ADRIL, ADRISUR, Rotary International, Secretaría de las PyMEs, Universidad Torcuato Di Tella, Centro Internacional de Negocios, Fundación Empresaria y empresas privadas. Integra el Registro de Unidades Capacitadoras de la Subsecretaría de la Pequeña y Mediana Empresa y Desarrollo Regional del Ministerio de Economía y Producción de la Nación. Integró el equipo multidisciplinario del PLAN DUAL, de la Dirección de Escuelas y Cultura de la Provincia de Buenos Aires. Autor de numerosos artículos publicados en medios profesionales, y de libros y manuales sobre Gestión de Recursos Humanos.
Los ciudadanos tomaron conciencia de que el sector público es sólo otra "empresa" de la que ellos son clientes y no usuarios.
Esta exigencia de calidad en
productos y servicios sólo se logrará si existe calidad personal. El aspecto
humano de la calidad impone a la calidad personal como la base de todas las
calidades.
Los líderes transformadores hacen que la gente se sienta fortalecida.
Capacitan a otros para que tengan un sentido de propiedad y responsabilidad hacia el éxito de su grupo. Los líderes creíbles saben que cuando los colaboradores se sienten fuertes, capaces y eficaces es posible esperar logros importantes.
Los colaboradores que se
sientes débiles, incompetentes e insignificantes tienen pobre rendimiento,
desean abandonar la organización (o se quedan a su pesar) y son propensos al
desencanto, e incluso a la oposición.
El liderazgo es una colección de prácticas y conductas y no tan sólo una
posición jerárquica. Es por eso que se lo definió como el arte de movilizar
a otros para que deseen luchar en pos de aspiraciones comunes. Lo cual está
ligado estrechamente al proceso de innovación, incorporación de nuevas
ideas, métodos y soluciones.
La honestidad y el respeto son valores fundamentales de la nueva cultura
empresarial. Pero... demasiado a menudo los ejecutivos no hacen lo que
dicen, proclaman discursos en un sentido y actúan en otro, demostrando la
existencia de profundas contradicciones entre el pensar, el sentir, el decir
y el hacer, en el seno de la organización. Esos dirigentes no tienen en
cuenta que los colaboradores sólo confían en ellos cuando sus palabras
coinciden con sus actos. Es que los colaboradores:
Necesitan ver que su líder es capaz y efectivo, que su competencia va más
allá de su capacidad tecnológica.
Necesitan ver y creer que su líder es capaz de expresar con confianza una imagen atractiva del futuro.
Necesitan ver, creer y confiar que posee la capacidad de llevarlos hasta la meta.
Las situaciones de liderazgo
más efectivas son aquellas donde cada miembro del equipo posee confianza y
se compromete con el éxito de todos.
La confianza es un requisito vital del liderazgo
La confianza no resuelve por sí sola los problemas, la confianza brinda
ayuda. Ayuda a reducir las interferencias, ayuda a potenciar las
comunicaciones al disminuir las barreras que impiden la transmisión y lograr
la comprensión total del mensaje, ayuda a disminuir las diferencias de
opiniones, ayuda a potenciar la adopción de mejores decisiones. Ayuda a
formar aceitados y armónicos grupos de trabajo, ayuda al logro de
resultados.
En una investigación sobre credibilidad y liderazgo se hacían estas
preguntas ¿Cómo sabe si alguien es creíble? ¿Cómo definiría la credibilidad
en términos de conducta? ¿Cómo reconoce a los líderes creíbles?
Algunas respuestas obtenidas fueron: "Practican lo que predican". "Ponen
manos a la obra". "Sus actos son coherentes con sus palabras". "Hacen lo que
dicen que harán".
En consecuencia la conclusión sería HLQDQH: Haga lo que dice que hará. Sin
embargo esto puede resultar insuficiente. El liderazgo comprende representar
a grupos de personas que tienen necesidades, intereses, valores y visiones
no siempre coincidentes. Por lo tanto para dar el ejemplo es necesario
actuar en un conjunto colectivo de objetivos y aspiraciones.
La nueva conclusión entonces será HLQNDQH: Hacer lo que nosotros decimos que
haremos. Que impone al líder:
Clarificar los valores personales y creencias de los miembros del equipo,
unificar a los colaboradores en torno a valores compartidos, prestar
atención constantemente al modo en que todos defienden sus valores, y
prestar atención al modo que él mismo defiende sus valores.
Lamentablemente es común ver a
ciertos dirigentes compitiendo con sus colaboradores. Esta conducta perturba
las comunicaciones y altera las relaciones: el jefe inseguro no deja opinar
o desoye opiniones de quién tenga menos jerarquía, es autocrático con sus
empleados y sumiso con sus superiores.
Debido a que los empleados prestan más atención a lo que los ejecutivos
hacen que a lo que dicen, esta incoherencia lleva al fracaso de muchas
iniciativas de cambio tanto en los aspectos personales como en los
organizativos. Es que la organización no actúa, la gente que se desempeña en
la organización es la que actúa basada en los distintos tipos de mensajes
que recibe.
La confianza es un requisito previo en la comunicación
Escuchamos a aquellos en quienes confiamos y aceptamos su influencia. El
mayor problema de la falta de confianza es que la gente deja de comunicarse.
Si la comunicación se frena pueden sobrevenir varias consecuencias negativas
tales como confusión, tensión, reducción de la productividad, resentimiento,
frustración e incapacidad de los empleados para realizar el trabajo.
De continuo interactuamos con
personas con las cuales debemos comunicarnos con éxito y a veces no lo
logramos. Posiblemente cambiaría este estado de cosas si fuese posible
establecer relaciones más armónicas, para lo cual es necesario disponer de
dos cualidades:
La empatía. Que es la capacidad de ponerse en situación de la otra persona,
tratando de comprender sus puntos de vista y sentimientos.
La asertividad. Que es la facultad de decir lo que se siente o lo que se piensa sin herir a la otra persona.
Es conocido que la comunicación
franca y sincera se da cuando emisores y receptores se brindan mutuamente
confianza. A pesar de lo cual los resultados de varios estudios sobre
capacidad organizativa y actitud de los empleados definen carencias en
compartir información. Aceptando que la comunicación es una avenida de doble
vía de circulación es posible comprender que brindar información y buscar
intercambio de ideas y opiniones es un recurso necesario para la comprensión
de objetivos y logro de resultados.
Expresado de otra manera: si se desea el éxito la comunicación nunca es
poca.
Cuando la empatía y la asertividad no están presentes en la relación y
existen otros inconvenientes que dificultan la comunicación es cuando se
afirma que se está tratando con "gente difícil", referido tanto a jefes,
colegas y empleados. Esa gente difícil es posible encuadrarla de la
siguiente manera:
Los dictadores. Que tratan de intimidar y controlar, no admiten críticas,
son rígidos y dados a dictar sentencia y suelen enojarse fácilmente (a veces
imprevistamente). La manera de controlarlos es no tomando de manera personal
sus arrebatos ni discutir. Resulta conveniente esperar a que terminen su
explosión de furia antes de lograr su atención. Siendo fundamental no ceder,
no humillarse ni mostrarse vulnerable. Teniendo la certeza que no son más
duros que el interlocutor... a pesar de que intentan demostrarlo con su
actitud.
Los falsos. Son quienes no actúan de frente y realizan comentarios humillantes por la espalda, suelen ser envidiosos y cuando atacan buscan aliados que compartan su opinión, en tanto que se esconden simulando que no han hecho nada malo. Al respecto tenemos presente la forma de actuar de un dirigente que cuando se encontraba en reunión solía llamar por teléfono a colegas y o a empleados para realizarle alguna consulta, exagerando la comunicación gestual de desacuerdo (aunque no lo verbalizara) buscando la complicidad de quienes lo acompañaban. La manera de controlarlos es que no crean que se salieron con la suya. No reírse de sus salidas, responder en el acto y oír sus protestas de inocencia. Eso sí: no subvalorizar su poder de destrucción dado que son malos enemigos y en caso de tratarse de su jefe... comience a buscar otro trabajo.
Los reservados. Cerrados en sí mismos y habitualmente silenciosos no expresan por que están callados, responden con monosílabos y suelen eludir los compromisos. Para controlarlos es conveniente realizar preguntar abiertas de tal forma que no puedan responder sí o no. Es conveniente no romper el silencio hasta que no tengan más salida que definir su postura. No critique su actitud de guardar silencio pero tampoco pida disculpas por forzarlos a que la abandonen.
Los sabelotodos. Dotados de un aire de superioridad opinan de cualquier tema como si supieran todo de todo y de todos. Les cuesta admitir opiniones diferentes y acostumbran ser muy críticos. Consejo: no trate de superarlos, no lo logrará dado que poseen un inigualado arsenal de argumentos. Cuando tenga discrepancias pregunte y repregunte para que ellos mismos lleguen a la conclusión que Ud. busca. De no existir otra posibilidad más que la oposición, hágalo con argumentos concretos y demostrables. ¡Ah! Y ríase todo lo que pueda, el humor atenúa el stress.
Los indecisos complacientes. Super amables, inseguros, lentos para tomar decisiones tratan de no adoptar posiciones extremas. Generalmente necesitan que la gente los aprecie. Ayúdelos a decidirse, orientándolos sobre prioridades o en los procesos de toma de decisiones. Una vez tomada esta, apóyelos reforzando su posición... y vigile que cumpla.
Los críticos. Siempre encuentran fallas a todo lo que lo rodea, su tono es de reproche, siempre manifiestan la culpa de otros, pero no aportan soluciones para solucionar los problemas sobre los cuales se quejan. Enfréntelos y manifieste su desacuerdo, bríndeles poco tiempo.
Reconozca los puntos importantes de la crítica y pida ideas y soluciones. Y si puede ignórelos: no son buenos compañeros para compartir un café.
Los negativos. Ven los problemas pero no las soluciones, son pesimistas y abruman convirtiendo en montañas a los granos de arena. Escuche los inconvenientes y problemas que plantean (a veces son buenos analistas) pero no les crea que no existe solución.
¿Quién no identifica a gente de
su entorno con algunas de estas características?. Con sinceridad: ¿No actúa
Ud. a veces como alguno de ellos? Todas esas personas poseen cualidades
positivas que será necesario reconocer y aceptar.
La confianza es un requisito fundamental en la capacitación
Cada vez son mayores las exigencias de actualizaciones tecnológicas y la
necesidad de contar con recursos humanos motivados, capacitados y adecuados
en su conformación para afrontar difíciles situaciones coyunturales, como la
actual etapa recesiva. En este tipo de situaciones es importante el aporte
del Departamento de Recursos Humanos de la Organización.
Cuando existen problemas puntuales la tarea de RR. HH. no debe ser
solucionarlos sino asegurar que los dirigentes posean la capacidad necesaria
para responder efectivamente a inquietudes y demandas y que los empleados
estén capacitados para enfrentar y superar nuevos desafíos.
Es decir: su valor agregado es desarrollar el capital intelectual de la
organización transformando las capacidades individuales en capacidades
integrales. Ello obliga dinamizar el proceso de capacitación y desarrollo de
los recursos humanos encargados de brindar respuestas efectivas dirigidas a
satisfacer los ritos culturales de calidad y productividad, de modo de
cumplir con el propósito de tener las personas adecuadas, en el sitio
adecuado, en el momento adecuado para alcanzar objetivos y fines
organizacionales. Lo cual demandará indagar: ¿Qué competencias existen? ¿Qué
competencias serán necesarias? ¿Cómo medir el logro de las nuevas
capacidades?
La disposición de los
colaboradores a veces no se corresponde con las capacidades que poseen. Dado
que en el plano de los hechos la voluntad y la capacidad son dos cosas
distintas.
Razón por la cual al establecer programas de capacitación impone definir:
Que es imposible capacitar a todas las personas en todos los temas.
Que el colaborador debe adecuarse a los cambios, teniendo presente que la estabilidad laboral puede estar ligada a esa adecuación.
Que no toda la capacitación es
responsabilidad de la empresa: también el empleado es responsable de su
desarrollo.
Relaciones personales y profesionales
Siendo la calidad personal la base de todos los demás tipos de calidad
resulta imprescindible que los integrantes de la organización observen la
necesidad de:
Cumplir las promesas.
No sólo poner el cuerpo, también el alma, tanto en el trabajo como en el hogar.
Compartir éxitos y fracasos del grupo al que se pertenece.
Tomar la iniciativa, convirtiendo los pensamientos en acción.
Invertir tiempo en las demás personas, escuchando atentamente lo que dicen y colaborando en su formación.
No decir nunca "no es mi
responsabilidad", y hacer lo mejor que se pueda en el empleo actual.... o
buscarse otro
Consideramos que para generar valor agregado será necesario que dirigentes y
especialistas hablen menos, hagan más, construyan organizaciones
competitivas, sean pro activos y no reactivos. Y posean rendimiento
positivo.
Bibliografía: El Desafío del Liderazgo. Kim Kouzes y Barry Posner (Ed.
Granica). Recursos Humanos Champion. Dave Ulrich (Ed. Granica). Gestión de
Calidad. Miguel Udaondo Durán (Ed. Díaz de Santos). Calidad Personal. Clauss
Moller (Ed. IMI). Recursos Humanos en la Argentina (Ed. Estrada).