Ingeniero Industrial, Master en Dirección,
Profesor del Centro de Estudio del Turismo, Marcia Noda Hernández. Cuentan que cuando el
hombre se decidió a vivir en sociedad y crear sus primeras empresas,
comenzó por estudiar a sus similares: los otros animales. Fue así que se
interno en lo más hondo de la selva africana y vio que:...
El león a veces con melena y otras sin ellas, fungía como el rey de las
manadas, prefería aparentar ser manso, humilde, colaborador, siempre y
cuando los otros hicieran lo que él deseaba. Podía soportar que
cualquier animal le llevara la contraria, pero que al final lo
obedeciera, sin embargo, si sentía en peligro su corona montaba en
cólera, rugía como todo un león y no paraba hasta ver, a quien
consideraba su enemigo, reducido a muy poco o a la nada. La bestia,
vestida de cordero, sabía o aparentaba conocer del poder de la mayoría,
por eso se cuidaba de parecer peligroso, mientras simulaba ser
participativo, resultaba tan fiero hacia adentro como manso hacia fuera,
prefería darle la razón a los foráneos que defender a sus súbditos,
consideraba muy importante no buscar discordia con otras tribus más
poderosas que pudieran eliminarlo en una posible contienda. Cuando
deseaba salirse con la suya, optaba por convencer de forma individual
que hacerlo en colectivo, tal vez de él surgió el principio de divide y
vencerás, así, una vez que había convencido o confundido a cada uno por
separado vendía la idea como aprobada por todos.
El rey de los animales, no era corto en sus rugidos aún cuando se
esmeraba en que sonaran musicales, hablaba a todos de lo importante de
pagar los tributos para la supervivencia, exhortaba a ser moderados en
los gastos pero olvidaba serlo, al fin y al cabo para algo era el
monarca. Su fidelidad a los demás duraba tanto como los beneficios que
estos les reportaran, tan pronto olfateaba que sus súbditos no estaban
dispuesto a seguirlo recordaba ser familia de los felinos e ignoraba el
pasado para acertar su zarpazo. Invertía la mayor parte de su tiempo
planificando las cazas futuras y los nuevos métodos para realizarla,
aunque luego olvidará controlar los resultados de la captura por
encontrarse dentro de su madriguera ocupado en los nuevos planes o
escuchando los encantos de la serpiente.
De esta no se sabe si era una cascabel, una culebra, una boa o
simplemente una majá, pues lo mismo encantaba a algunos con sus silbidos
y bailes como mordía a otros con su veneno siempre oculto, adoraba
enroscarse en la cola del león, esto le aseguraba mantenerse cerca de la
corana, si algo había de cierto para todos era su afición al descanso, a
bailar al compás de los sonidos del rey y a acechar a los demás para
tener luego que contar.
El lobo, antecesor del perro, se caracterizaba por ser fiel a sus amigos
y modo de pensar, trabajador y capaz de arrastrar a otros con sus
aullidos, pero a su vez, terco, orgulloso y confiado, fue amigo del león
mientras hizo lo que este quiso, pero cuando se atrevió a pensar
diferente terminó por ser expulsado del grupo.
La cotorra, parecía tener como misión entretener a todos con sus cuentos
y charlas, adoraba realizar arengas en las que nadie creía pero todos
tenían que oír, sabía aprovechar cualquier fallo de los otros para
enseguida emprender su proceso verbal al respecto aunque siempre se
cuidaba de no ser la que se ocupara de la correspondiente medida, para
ella eran más importante el parecer que el ser, el modo que el fin.
El elefante, ya un poco más apartado y cansado, había ocupado en otros
tiempos la posición del león, pero cuando su peso y tamaño lo tornaron
lento para vivir a tono con su tiempo terminó por ser reemplazado,
entonces se volvió apático, indiferente, procuraba a toda costa no
buscarse problema, por lo que se limitaba a lamentarse y a asentir, para
él todo el mundo parecía tener razón.
El topo, adoraba el jugo del maíz fermentado y los números, aunque en
realidad eran sus compañero de cueva quienes se encargaba del trabajo
con los ábacos, para él se reservaba la función de anunciar los
resultados. Era adicto a emitir su opinión siempre y cuando con ella
llamara la atención y no se buscara problemas.
El mono, no siempre estuvo en la manada, pero cuando llego enseguida se
hizo notar por todos por sus chistes y desenfreno, con ellos encantó a
la mayoría: al león, la serpiente y hasta las propias hormigas. No era
muy propenso a trabajar. Con el tiempo comenzó a ser rechazado pues
gustaba de ir dejando cáscara de plátano por doquier con las cuales
resultaba muy fácil resbalar y caer.
La jirafa, trabajadora como pocos, resultaba una de la más estricta
observadora de las normas, con ella todo se volvía lento pues debía ser
hecho según las reglas establecidas, para comunicarse necesitaba dos
días en lo que los demás consumían apenas minutos.
Las hormigas, eran quienes sostenían a toda la comunidad con su trabajo
y esfuerzo, aunque casi siempre como premio recibían la exhortación a
trabajar más. El león si lograban llenar un granero quería dos y aún sin
llegar a dos ya estaba pidiendo tres. Cierto es que no siempre todas
trabajaban por igual, que algunas resultaban remolonas y otras hormigas
locas, que sin haber llegado al final de una tarea, ya querían comenzar
otras y siempre estaban pretendiendo romper las reglas.
Otro grupo de trabajo eran los grillos, no hacían mucho pero se
encargaban que lo poco hecho fuera notado, y si a alguien se le ocurría
protestar por su música entonces si tendrían serenatas de chirridos.
La lechuza, siempre con su mal genio, rara vez trabajaba, se dedicaba a
buscar noticias de afuera, de las otras selvas, a jugar con el trabajo
de los demás, y a traerle nuevos silbidos a la serpiente.
La tórtola, resultaba muy trabajadora y buena en lo suyo, rechazaba a la
mayoría pues se creía distinta, le resultaba imposible trabajar en
colectivo, adoraba la crítica a los demás para de esta forma disfrazar
sus pretendidas diferencias.
Todo lo anterior no pasaría de ser un simple cuento si muchas de las
empresas actuales no estuvieran llenas de personajes como los
anteriores, algunos de los cuales se analizaran a continuación.
No son pocos los directivos, a cualquier nivel, que actúan como puros
leones aún cuando han recibido cursos de dirección y gestión de recursos
humanos donde le han hablado del poder del empowerment. Se empeñan en
tratar a sus trabajadores como piezas de recambio, creen que lo único
importante es la planificación y la definición de los métodos e ignoran
la fuerza de la motivación del personal, del control día a día y hombre
a hombre pretendiendo lograr este mediante papeles, detrás del buró o a
través de la red. Desconocen el valor de la integridad personal y de la
fidelidad a los demás realizando promesas que luego no cumplirán,
emitiendo largos discursos que todos están obligados a oír pero pocos
creen en ellos. Aceptan cualquier cambio o imposición expuesto del
exterior sin valorar los efectos que traerá esto sobre el personal de la
empresa. Exigen ahorros y esfuerzos mientras llenan a la empresa de
personal no productivo y se exceden en gastos de dirección o personales
que no aportan al esfuerzo colectivo. Adoran estar rodeados de personas
que siempre le den la razón y nunca le lleven la contraria por lo que
colocan en los mejores cargos, dan facilidades a sus súbditos fieles y
se deshacen de cualquiera que no quiera bailar al compás de su música,
desconocen la importancia de las diferencias como fuente de desarrollo.
Prestan oído sólo a aquellos que dicen lo que desean oír.
Las serpientes, son aquellos que ascienden en la pirámide jerárquica, no
gracias a sus capacidades de trabajo sino a la de aludar a quienes lo
dirigen, se convierten en los "lleva y trae" información de todo lo que
sucede en la entidad, son la fuente más importante de retroalimentación
de la máxima dirección, esta función le roba tanto tiempo que carecen de
la posibilidad de ser eficiente en lo que se supone hagan en el puesto
para el que han sido designado. No son capaces de realizar la crítica de
frente sino que la enmascaran con par de sonrisas, la intercalan entre
halagos o la realizan a nombre de otros, al tiempo que son incapaces de
aceptar cualquier señalamiento sobre si mismo. Cuando desean lograr
imponer sus deseos no utilizan su autoridad sino que invocan a la de
alguien superior, así pretenden evitar que se dañe su nivel de
aceptación por parte de los demás.
No son pocos, los que un día fueron y ya prefieren no ser, se apartan
para no ser notados, renuncian a dar su aporte con el único objetivo de
vivir más cómodo y sin buscarse problema, privan a los demás de
disfrutar su experiencia y conocimientos, se sienten resentidos y por lo
tanto se tornan totalmente indiferentes, en realidad son verdaderos
elefantes de retorno a las tierra que los vio nacer.
Los lobos, no abundan pero siempre se encuentra uno que otro, fuera
magnífico que su especie aumentará en número de no ser porque su
arrogancia y orgullo, en ocasiones, les lleva a tomar decisiones que en
nada favorecen al colectivo, su tozudez no siempre le permite divisar
cuál es la mejor estrategia y una vez que toman una decisión la
mantienen sin importar las consecuencias.
Las cotorras se empeñan en que las cosas se cumplan al pie de la letra
aún cuando dicho cumplimiento perjudique al colectivo al que pertenece y
se deben, pierden credibilidad al abusar de su verborrea de igual modo
los topos se reconocen por sus deseos de ser uno de los primero en
opinar en las reuniones cuando su opinión no les compromete y por su
mutismo cuando la toma de partido entraña algún peligro.
Los monos en sus inicios alegran la vida de los demás, pero con el
tiempo se descubre su espíritu de intriga, su doble cara en las
relaciones y entonces se vuelven un problema para alcanzar una adecuada
cohesión grupal y la alineación de valores, pues nadie confía en ellos.
Las lechuzas, con sus juegos y falta de atención en el trabajo estimulan
a los demás a no trabajar, son fuente de discordia con todos por lo que
tampoco facilitan la unidad del grupo, al igual que las serpientes
carecen de autocrítica y les sobra para criticar.
Todos los personajes antes descritos de una u otra forma, por lo
general, ocupan cargos de dirección, aunque como se saben no son los
únicos pues también en cualquier empresa se encuentran simples
trabajadores (jirafas) que pretenden seguir al pie de la letra lo
establecido en las normas sin sentarse a valorar hasta que punto estas
resultan obsoletas y frenan el buen desempeño; carecen de creatividad
para proponer mejoras y dificultan la comunicación por su falta de
adaptabilidad a las circunstancias siempre cambiantes y su falta de
concreción.
Los grillos generalmente no son de los que más trabajan, pero si de los
que más protestan, son susceptibles de mejorar su desempeño, pero su
nivel de autosuficiencia no le permite reconocer sus errores con lo que
se niegan su perfeccionamiento, no admiten evaluaciones deficientes aún
cuando para todos sean las más justas.
Las tórtolas realizan un excelente trabajo, resultan eficientes y
eficaces, fueran perfectas si no poseyeran esa ansia de criticarlo todo
y de obstaculizar el trabajo del colectivo, su buen nivel de desempeño
la lleva a que en ocasiones tampoco acepten sus deficiencias, por lo que
también dificultan cualquier intento de optimizar su desempeño.
Las hormigas, por suerte la mayoría, generalmente trabajan tanto como se
le estimule a hacerlo, constituyen el sostén de cualquier empresa y la
principal fuente de conocimiento y creatividad, pero no todas se
esfuerzan de igual forma, algunas las más liberales viven deseando
romper las normas lo que, aunque no siempre es bueno, facilita la
innovación y el desarrollo, estas si bien contagian entusiasmo no pocas
veces decepcionan por su falta de constancia y concreción en lo que
emprenden.
Si los personajes se presentarán en la práctica de forma tan pura y
nítida como aquí se describe serian muy fácil de identificar y trabajar
con ellos, en aras de un crecimiento humano y organizacional, pero la
vida diaria es mucho más rica que lo aquí expuesto, en realidad los
rasgos de muchos de estos personajes se enmascaran, se mezclan entre sí
o no siempre se manifiestan con igual intensidad. En la medida que un
mayor número de personajes de estas clases se presenten en una
organización más difícil le resultará a esta mostrar y mantener un
desempeño competitivo.
Las empresas que se han acercado a la excelencia empresarial o tienden a
la mejora constante lo han logrado ante todo por haber podido liberarse
del lastre que usualmente constituyen la mayoría de estos estereotipos.
Estas han logrado la existencia de un acertado liderazgo basado ante
todo en la integridad personal de sus dirigentes, en la congruencia
entre lo que dicen y lo que hacen, en su confianza en sí mismo y en
consecuencia en el colectivo, la que se materializa en la aplicación de
una dirección realmente participativa y una acertada gestión de los
recursos humanos, en el reconocimiento de que más importante que los
planes, procedimientos y normas son la capacitación, motivación y
exhortación a la mejora de todo el personal, en la interiorización de
que más vale hacer que decir, que la comunicación es más efectiva en la
medida que es más concreta, en la fomentación de un clima donde no
tengan cabida los comentarios mal intencionados. Donde cada posición que
se ocupe este en correspondencia con lo que se haga y no con lo que se
diga o quien se sea.
El personal de estas empresas no se retira sino concuerda más bien
estimulan la diferencias y discrepancias, por lo general abunda más la
autocrítica que la crítica. La experiencia no se aparta se aprovecha.
Las normas se rompen tan pronto como se demuestra la existencia de una
nueva vía para hacerla. El reconocimiento de las posibilidades de mejora
es una constante de todos en su trabajo.
Conclusión
Como conclusión de todo lo dicho se presenta esta tabla donde se exponen
alguno de los diferentes tipos de personajes que pueden coexistir en una
empresa, así como sus características y consecuencias.